La Jornada
En mayo, las remesas a México cayeron casi 19.8% de manera anualizada, mientras que las de Filipinas (cuarto receptor mundial) 10.4%.
México, D.F..- Las remesas de trabajadores en el extranjero, un salvavidas financiero para muchos países en vías de desarrollo, están bajo severa presión a consecuencia de la crisis económica global. Destinos claves para trabajadores inmigrantes están en profunda recesión o soportan una aguda desaceleración económica, que se refleja en creciente desempleo. El descenso en las remesas socavará el consumo privado y dañará las perspectivas de crecimiento en un momento en que las exportaciones -con frecuencia otro importante factor de crecimiento económico de los mercados emergentes- disminuyen también con rapidez.

Las remesas de trabajadores inmigrantes impulsan el gasto de los consumidores y sostienen el nivel de vida en varios países en desarrollo (y algunos de ingresos medios), y son también fuente importante de divisas. Aunque India, China y México sean los receptores más grandes en términos absolutos, son los países pequeños con economías menos diversificadas los que más dependen de ellas.

Según estimaciones del Banco Mundial publicadas a finales del año pasado, representaron 46% del PIB en Tayikistán en 2007, 38% en Moldova, 29% en Lesotho y 24% en Honduras. Sin embargo, en muchos países las transferencias se hacen en gran parte a través de canales informales o ilegales, y la información oficial no refleja el verdadero valor de las sumas remitidas.

En cualquier caso, es claro que el creciente desempleo en los grandes mercados laborales como Rusia, la Unión Europea, Estados Unidos (EU) y los países del Golfo Pérsico es un serio problema para las perspectivas de los trabajadores inmigrantes. Es probable que la pérdida de puestos continúe por cierto tiempo en los países y regiones huéspedes, y que las remesas disminuyan aún más. La explosión de la burbuja inmobiliaria en EU tuvo enorme impacto sobre los empleos en la construcción, importante fuente laboral para los trabajadores inmigrantes. Pero como la crisis en EU ha continuado, también muchos otros empleos en el sector de servicios también han resultado afectados.

En mayo, las remesas a México cayeron casi 19.8% de manera anualizada, mientras que las de Filipinas (cuarto receptor mundial) 10.4%.

Sin embargo, la asociación entre cambios del mercado laboral y el nivel de las remesas no es siempre tan sencilla. Los movimientos de los tipos de cambio pueden ser importantes. La moneda filipina y la mexicano, por ejemplo, se han debilitado de manera considerable contra el dólar estadunidense desde mediados de 2008, aunque en el caso de México se ha recuperado un poco. Los tipos de cambio débiles podrían fomentar las remesas, ya que incrementan su valor en moneda nacional y alientan a los inmigrantes a aumentar las cantidades que envían para aprovechar la conversión.

Dicho esto, en el caso de México las remesas de trabajadores en EU podrían estar determinadas más por el estado de la economía estadunidense que por movimientos monetarios (hay incluso evidenciasde que los trabajadores ajustan las cantidades en dólar estadunidenses que envían a casa para mantener un flujo relativamente estable de fondos en términos del peso). Mientras tanto, la relativa resistencia de las remesas filipinas podría reflejar en parte la composición de la mano de obra migratoria del país y las políticas asistenciales del gobierno.

Otro factor inquietante es que los despidos podrían impulsar los flujos de remesas de manera temporal. Los trabajadores que retornan a casa tienden a repatriar todos los activos que tenían en el país donde trabajaron. Aunque es difícil obtener una conclusión en firme, esto podría suceder en Bangladesh, donde las remesas de más de 6 millones de trabajadores expatriados se han mantenido sorprendentemente sólidas hasta ahora. A mayo, aumentaron 22% de manera anualizada, aunque durante los cinco primeros meses de 2009, según el gobierno, el número de oriundos de Bangladesh que lograron empleos en el extranjero disminuyó 44%.