La Jornada
Para recordarlo se realizó una mesa redonda en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con la participación de los escritores Oscar Mata y Francisco Rebolledo, ambos especialistas en la vida y obra del escritor inglés.
México, D.F..- Con motivo del centenario de su nacimiento, este domingo se le rindió un homenaje a Malcolm Lowry (1909-1957), autor de Bajo el volcán, considerada una de las novelas más relevantes del siglo XX.

Para recordarlo se realizó una mesa redonda en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con la participación de los escritores Oscar Mata y Francisco Rebolledo, ambos especialistas en la vida y obra del escritor inglés.

"Hijo de padres ricos y estrictos, alumno de las más exclusivas escuelas, buen deportista a pesar de su torpeza, artista de una familia de respetables comerciantes, vagabundo, bebedor insaciable, golpeador de mujeres: Lowry, cuya muerte nunca fue completamente aclarada -apuntó Mata-, tuvo todos los elementos para convertirse en un escritor maldito, y ciertamente lo fue; célebre tanto por lo que escribió como por lo que se bebió."

A decir de Mata, la idea que se tiene de él es la de un inglés que vino a México a beber hasta lo indecible, y que posteriormente escribió su célebre novela. Sin embargo, el Lowry que leemos, "aquel que pudo dar cima a la cuarta versión de Bajo el volcán (la primera la esbozó como un cuento en Cuernavaca), fue un hombre sobrio, que alcanzó la cumbre de su obra maestra en la sobriedad total, con la fuerza de una vida sana y sencilla, en la que nadaba y escribía por las mañanas, paseaba por el bosque en las tardes e, incidentalmente, bebía un poco de cerveza, `el trago necesario'".

Admiración por México

La visión que Lowry tiene de México, detalló el experto, "es reflejo de los 20 meses que residió en la ciudad de Cuernavaca, de noviembre de 1936 a junio de 1938.

"En la novela hay referencias al pasado precortesiano, al porfiriato, a la recién finalizada Revolución Mexicana y a la expropiación petrolera, con la que Lowry se solidarizaba", apuntó Mata.

"Gustaba de la comida mexicana; empero, curiosamente, en ningún pasaje de la novela habla de las botanas de las cantinas. Son las bebidas alcohólicas las que acapararon su atención; su leyenda está íntimamente ligada al mezcal. Alababa la belleza de la raza de bronce, en particular la de sus niños; encontraba a los indígenas dignos de admiración, al tiempo que advertía su pobreza."

En contraste con sus frecuentes correrías por cantinas mexicanas, señaló Mata, "su contacto con la literatura mexicana es inexistente. Para Lowry, la literatura mexicana fue un continente desconocido, con excepción breve en el ámbito de la pintura: en el capítulo siete elogia a José Clemente Orozco, `indisputable genio', y habla de vigorosos Riveras".

Por lo demás, "a cada rato se fija en manifestaciones del arte popular".

México, explicó Mata, "sirvió de escenario para Bajo el volcán; algunos mexicanos desempeñan papeles llenos de emotividad, pero secundarios. Y nada más. La importancia de México y lo mexicano en la novela es de segundo nivel, pero sin ellos Bajo el volcán no sería lo que es",concluyó.

Por su parte, Francisco Rebollo se refirió a su leyenda, alcoholismo y sobriedad; a los hechos fortuitos que le permitieron acabar su novela, así como a "su obra bastante extensa, pero como textos siempre inacabados". Destacó, sobre todo, "la obsesión que tenía Lowry por los símbolos, que asociaba y veía por todas partes".