The New York Times
Ana Luisa Sánchez Maccise, ciudadana mexicana, no está buscando una forma de obtener la ciudadanía estadounidense ni vivir una existencia indocumentada periódica.
No obstante, vive y trabaja en Houston, donde manda a su hijo a una escuela privada local. Tiene otra casa en la Ciudad de México, donde su esposo aún trabaja. Él visita a su familia en Houston con regularidad.

Maccise está entre un reducido pero creciente grupo de ciudadanos mexicanos que están viviendo vidas paralelas en esta ciudad en expansión al norte de la frontera; Dallas y San Antonio son otras opciones.

Sus motivos son más que económicos. También buscan un refugio seguro para ellos y sus familias, alejados de las amenazas de los secuestros, el pago de rescate e incluso el asesinato que en forma rutinaria están dirigidos contra los mexicanos acaudalados.

"En este momento en México, la situación no es buena debido a los problemas de seguridad", dijo Maccise, quien tiene 43 años. "Te pueden robar en cualquier momento en cualquier restaurante. No puedes conducir un coche bueno. No puedes usar un buen reloj. Así es que realmente me gusta Estados Unidos porque me siento libre".

Maccise vive y trabaja en Houston con una visa empresarial emitida como resultado del Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Una cláusula del Tratado permite visas para quienes hacen una inversión significativa en una empresa nueva y también para quienes con compañías mexicanas están haciendo negocios en Estados Unidos, junto con sus cónyuges e hijos.

Las estadísticas del Departamento de Estado de Estados Unidos, no desglosadas por ciudad, muestran un incremento nacional en la visa empresarial más popular de 57 mil 721 en 2002 a 72 mil 613 el año pasado.

Mudarse de México a Houston es un reto tanto cultural como logístico, y ha aumentado la cantidad de profesionales en torno a la necesidad de agentes de bienes raíces, abogados especialistas en inmigración, banqueros y otros para facilitar el camino.

Mariana Saldaña, agente y propietaria de Uptown Real Estate Group, es en gran medida responsable de la vida de Maccise en Houston. Saldaña, de 56 años, la canalizó con un abogado especializado en inmigración y la ayudó a rentar un local en Galleria, un centro comercial de Houston, donde Maccise administra una franquicia de la joyería Tane. Esta se especializa en joyería cara hecha a mano, así como arte en plata y oro de México. Saldaña incluso hizo arreglos para que Maccise contara con los servicios de teléfono y cable.

Con la idea de cimentar sus relaciones con sus clientes, también proporciona asistencia adicional. "Somos una escala", dijo. "Si necesitas un Mercedes, te contacto con un distribuidor de esa marca. Un Porsche, te mando con el distribuidor adecuado. Somos una especie de compañía de servicios auxiliares. Contamos con jardineros, un tipo para las albercas, todo lo que necesitan. No tienen que levantar el teléfono".

Saldaña ha ayudado a compradores potenciales para encontrar escuelas privadas para sus hijos e incluso llamado un cerrajero la ocasión que un cliente olvidó su llave cuando llevó a su hijo a una alberca comunitaria.

Expresó que 80 por ciento de los negocios de Uptown Real Estate los hace con mexicanos que tienen un patrimonio neto de hasta 100 millones de dólares. Muchos pagan sus casas en efectivo y no les afectan los ciclos del mercado.

Los mexicanos prefieren Houston, de acuerdo con Saldaña, porque las casas lujosas cuestan menos ahí que en California, Miami o incluso la Ciudad de México. Y desde Houston, hay unos 40 vuelos diarios a ciudades mexicanas, con al menos 20 a la Ciudad de México en un viaje de dos horas.

"En ocasiones voy a México a comer y regreso en el vuelo de las cinco de la tarde", dijo Wilka Varela Toppins, una abogada de Houston nacida en Puerto Rico que trabaja en relación estrecha con Saldaña para ayudar a mexicanos a establecer negocios en este país. Este año, dijo, ha ayudado a abrir más de 35 compañías de la Ciudad de México, en contraposición con cerca de 20 en 2006.

"Están aquí y están allá", dijo sobre sus clientes que viven y trabajan tanto en la Ciudad de México como en Houston. "Van y vienen. No les interesa ser ciudadanos estadounidenses ni renunciar a la ciudadanía mexicana. Sólo quieren hacer negocios, vivir aquí, pagar impuestos, ser residentes responsables y estar seguros".

Maccise abrió su tienda, en la que una pieza de joyería hecha a mano se vende en 17 mil dólares, seis años después de su primera compra de bienes raíces en Houston, un condominio cerca de Galleria, el que usaba para viajes de compras de fin de semana. Ahora vive en su tercera casa que compró el año pasado en 1.3 millones de dólares, tras vender sus dos primeras propiedades por medio de Saldaña. Ubicada en Royal Oaks, una comunidad golfista bardeada, su casa de cuatro recámaras da al hoyo 12.

Al igual que muchas comunidades elegantes y atractivas para mexicanos acaudalados, Royal Oaks tiene un alto muro de ladrillos, múltiples rejas con cerradura y patrullas. Es lo que compradores mexicanos dicen querer cuando se mudan al norte, con base en lo que ya tienen en su país.

"Estamos tan acostumbrados a tenerlo, que venir aquí, sin todo esto, uno no se siente bien, aun cuando se está bien", dijo Aldo Novi, un arquitecto y constructor que vive en el barrio de Woodlands, donde está construyendo casas en la comunidad bardeada de Carlton Woods.

En la actualidad, Novi está construyendo una casa de un millón de dólares para Alejandro Chaoul, de 38 años, quien ha vivido en Royal Oaks durante cuatro años con su esposa e hijos. Chaoul, quien trabaja para Pemex, la compañía petrolera paraestatal mexicana, va y viene, y le gustaría mudarse a Carlton Woods donde él y su familia pueden vivir en una casa más grande en lo que él considera como una comunidad aún más segura.

"Realmente me quiero quedar en Estados Unidos", dijo. "La razón principal son mis hijos. En México, te pueden secuestrar con bastante facilidad. No los puedes llevar al supermercado o la tienda de abarrotes porque si te das la vuelta los puedes perder.

"Seguridad en Houston es lo que Saldaña incluye en su publicidad en las revistas mexicanas. Asimismo, de boca en boca -su "mejor publicidad", dice-, encuentra otros clientes.

Sin embargo, ofrece mucho más que una propiedad. Para quienes necesitan financiamiento para una casa o un negocio, Saldaña refiere sus clientes a banqueros a quienes conoce. Entre ellos está Ana M. Kennedy, nacida en México, funcionaria de préstamos de alta jerarquía de Chase Home Lending, que cuenta con un programa especial para clientes internacionales sin historia crediticia en Estados Unidos.

"Su crédito se puede verificar desde su propio país", dijo Kennedy. "Son solicitantes de préstamos con cualificaciones excelentes".

Un día reciente entre semana, Saldaña pasó 12 horas con Fernando Sánchez de Orando, de 40 años, originario de la Ciudad de México, quien planea establecer una sucursal en Houston del negocio familiar de corretaje de papel de prensa. Tras dos días de búsqueda, Sánchez firmó el contrato para comprar una casa de un millón de dólares en Woodlands.

"Me gusta Estados Unidos, Texas y Houston", dijo, "y mi familia y yo queremos un cambio. Buscamos una mejor calidad de vida para nosotros y los niños".