La Jornada
"El parásito mata al animal que lo hospeda", dijo en tono drástico el experto en medios David Simon, durante una comparecencia ante el Senado de EU, para advertir sobre la "explotación" de los medios tradicionales por los nuevos.
Washington, EU.- El editor del diario The New York Daily News, Mortimer Zuckerman, cree haber encontrado la piedra filosofal para salvar a los periódicos estadunidenses. Sugiere que el Congreso permita a los grupos editoriales utilizar sus portales en Internet como "casinos", con juegos de lotería y apuestas.

"Eso salvaría a cualquier periódico en Estados Unidos", comentó Zuckerman a la revista Forbes. Al fin y al cabo, los casinos ya habrían sido el mejor rescate financiero para las antes maltrechas reservas de indios estadunidenses.

La idea da pie al escepticismo y demuestra a la vez la desesperación actual de los grupos editoriales de Estados Unidos. Tras años de suculentas ganancias deben encontrar nuevos modelos de negocio debido a la caída de sus tirajes y sus ventas de publicidad, así como por la creciente competencia en Internet.

La esperanza de compensar las pérdidas de las ediciones de papel con la venta de publicidad ha sido hasta ahora una gran decepción. Sólo el hecho de alcanzar 10 por ciento de sus ingresos en la red es considerado ya un éxito. En realidad, el mercado está ahí. La demanda, la sed de los consumidores por recibir información no ha desaparecido. La única diferencia es que nadie quiere pagar por ello.

La cultura de lo gratuito en Internet, donde se copia y se piratea sin tapujo alguno, es considerada la principal culpable. Aunque nuevos medios como Huffington Post y Drudge tienen actualmente bastante éxito, éstos estarían en el aire sin el material de los a menudo denostados medios tradicionales.

"El parásito mata al animal que lo hospeda", dijo en tono drástico el experto en medios David Simon, durante una comparecencia ante el Senado de EU, para advertir sobre la "explotación" de los medios tradicionales por los nuevos.

En tanto, hay ya una serie de ideas para que el sector de la prensa pueda recuperar la salud, más allá de las drásticas medidas de ahorro. Muchos apuestan por nuevos modelos de pago, otros por la presencia de patrocinadores o por el Estado.

En Florida, medios hasta ahora rivales han empezado a cooperar para reducir costos. En Michigan, el diario Ann Arbour News renunció a su edición diaria en papel, para sobrevivir en Internet. Por algo similar ha optado también The Christian Science Monitor, en Boston, Massachusetts.

Las mayores esperanzas están depositadas en la red, donde el éxito apenas si se corresponde con los beneficios. Muchos planean incrementar sus ingresos con "microsuscripciones" o videos. La nueva palabra mágica del sector en Estados Unidos es Freemium, una propuesta que implica una mezcla de una amplia oferta gratuita, por un lado, y un pequeño porcentaje de pago de un material premium, por el otro, dirigida a grupos determinados de consumidores.

El Freemium garantiza al menos la visita de muchos usuarios en los portales gratuitos, para mantener unos ingresos por publicidad relativamente altos. Y al mismo tiempo tiene "nichos de lujo", con los que se puede ganar dinero en forma adicional.

La inseguridad es palpable en el sector. El magnate Rupert Murdoch, que en 2006 se burlaba de los empresarios de la comunicación en este país porque "se dormían ante la revolución de Internet" y producían sólo "diarios para jubilados", parece estar ahora él mismo desconcertado.

Cuando compró The Wall Street Journal en 2007, quería empezar a brindar la oferta web hasta entonces de pago del diario, de gran éxito con un millón de suscriptores, de forma gratuita. Ahora, debido a fuertes pérdidas, quiere que todos los medios de su imperio de comunicación cobren por sus contenidos. "El periodismo de calidad no es barato", sostiene, con razón.

Muchos miran ahora hacia el prestigioso The New York Times, considerado a menudo el "mejor periódico del mundo". También este rotativo lucha ahora por sobrevivir, algo que parece, sin embargo, tener que ver más con decisiones administrativas dudosas que con la crisis del sector. El grupo editorial busca febrilmente nuevas fuentes de ingresos. Por ahora, son pocos los que creen que el nuevo aparato para leer el diario, el Kindle DX, pueda brindarle éxitos considerables en el mercado.

Después de fracasar dos veces al ofrecer contenidos de pago en la red, el diario sigue buscando la estrategia adecuada para ganar más en Internet. Las recientes elucubraciones del redactor jefe Craig Whitney, que cree que es necesario que algunos mecenas y fundaciones financien el trabajo periodístico de The New York Times, muestra lo hondo que ha calado el pesimismo