Además de patrón de numerosas localidades, que celebran hoy sus fiestas, San Mateo, por su calidad de evangelista o como representante de la redención, ha servido de objeto de inspiración para muy diversos artistas que han dado lugar a obras cumbre de la música, el cine o la pintura.
Madrid, España.- Cobrador de impuestos reconvertido en fiel discípulo de Jesucristo, la figura de San Mateo ha sido la base argumental, en su vida y en su obra, para artistas que no siempre profesaron el cristianismo.

Así, Pier Paolo Pasolini, un cineasta polémico, comunista y homosexual, encontró en sus parábolas y sus pasajes del Nuevo Testamento material para construir un acercamiento humanista, neorrealista y casi marxista a la vida de Jesús bajo el título de "Il Vangelo secondo Matteo" (1964).

La película, que optó a tres Oscar y obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia, estaba dedicada póstumamente a Juan XXIII y, pese a su perspectiva agnóstica, está considerada una de las mejores y más sencillas crónicas religiosas realizadas en cine.

Muchos años atrás, el compositor barroco alemán Johann Sebastian Bach (1685-1750) pasaba de la luminosidad de sus seis "Brandenburg Concerto" (1717-1721) a una línea más oscura, más íntima y más apasionada en su obra más extensa y compleja "Matthäus Passion" (1727).

En ella, creada para estrenarse en las celebraciones de Viernes Santo en Leipzig, plasmó un calvario de dos horas y media a través de apoteosis orquestales, solos de violín y portentosos coros. Cuando se interpretó por primera vez, su fiel captación del sufrimiento y la angustia causó incomodidad en un público que le negó el aplauso.

Pero donde más repercusión encontró San Mateo fue en el arte pictórico, donde los mejores maestros del barroco desarrollaron alrededor de su figura escenarios abigarrados, iluminaciones lóbregas y una expresividad convulsa.

Caravaggio (1571-1610), hombre de un amplio conocimiento de la religión y exaltado carácter, tuvo en el santo un auténtico eje creativo aunque fuera por encargo, ya que tres obras suyas inspiradas en él forman parte de una petición del albacea del comerciante de origen francés Matteo Contarelli a finales del siglo XVI y principios del XVII.

Él encargó a Caravaggio continuar con el ególatra proyecto de Contarelli, que murió antes de ver cómo la capilla que compró en la iglesia romana de San Luigi dei Francesi -donde todavía se pueden ver las obras- se llenaba de imágenes del santo del que había tomado el nombre, que en hebreo significa "don de Dios".

El pintor del claroscuro encontró en la figura del evangelista una excelente fuente de creación para su tenebrismo y, mientras realizó un portentoso estudio de la luz en "La vocación de San Mateo" (1599), desarrolló escorzos imposibles en "El martirio de San Mateo"(1600).

Finalmente en "La inspiración de San Mateo" (1602) representó el contraste entre las mellas del envejecimiento del propio santo y la lozanía de la juventud del ángel que lo representa.

En esa línea más naturalista, Doménikos Theotokópoulos, El Greco (1541-1614), como puente manierista del Renacimiento con el Barroco, sumó a San Mateo, en 1602, a la extensa galería religiosa que realizó en su carrera, marcada por lo tétrico y lo vertical.

Esas características quedan patentes en el rostro del evangelista, al que muestra en el cuadro -que se encuentra en la catedral de Toledo- pluma en mano, con gesto apagado y con una túnica en la que volvió a mostrar su maestría para las luces y las sombras creadas por sus pliegues.

También en edad avanzada retomó Rembrandt (1606-1669) al mismo personaje en "San Mateo y el ángel" (1664) y en él no estableció diferenciación entre las técnicas de retrato -de las que fue especialista- aplicadas a sí mismo y a sus coetáneos, y las que empleó para la representación del santo.

El autor de "Lección de anatomía" pintó al evangelista con un cromatismo terroso y lo cerca en un ajustado encuadre que no deja espacio para el escenario, y en el que sólo hay cabida para la visita de un ángel -con el rostro del hijo del artista- que se difumina con el fondo y que le inspira para escribir su Evangelio.

Como las citadas obras de Bach, Pasolini, El Greco y Caravaggio, la pintura del holandés está considerada una obra maestra de su disciplina y movimiento artístico. Como si en las aproximaciones a su figura, el propio apóstol hubiera otorgado inspiración a los artistas a través de su propia ciencia infusa.