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No sabían ni cómo celebrar. Había pasado tanto tiempo y se buscaba con tanta desesperación, que el sabor de la victoria resultaba extraño en Pumas
TUXTLA GUTIÉRREZ.- No sabían ni cómo celebrar. Había pasado tanto tiempo y se buscaba con tanta desesperación, que el sabor de la victoria resultaba extraño en Pumas.

Algunos jugadores corrían, otros se abrazaban. La mayoría con Esteban Solari, el héroe de la tarde, el anotador de los goles con los que los universitarios ganaron (2-1) tras 14 juegos sin hacerlo.

Ricardo Ferretti apenas cerró el puño derecho, agitó un poco el brazo, pegó el último grito de la tarde, grito en el que dejó escapar la tensión acumulada semanas atrás y que al final del partido contra los Jaguares parecía tomarlo prisionero de nueva cuenta.

La visita a Chiapas se pensaba como una de las más difíciles del torneo, sobre todo en la situación que arrastraba el equipo universitario. Los Pumas no jugaron su mejor partido, de hecho estuvieron por debajo de lo mostrado en las primeras tres jornadas, pero superaron con gran ímpetu lo realizado en las últimas dos.

Después de aguantar varias llegadas de los locales, los del Pedregal abrieron el marcador al 40', en combinación de Solari con Ignacio Scocco. Así se fueron al descanso.

Melvin Browm empató el marcador para los Jaguares en un descuido de marca de la visita en tiro de esquina. Faltaban tres minutos par que finalizara el partido. El Tuca veía su reloj incrédulo, la historia del duelo ante el Puebla se repetía.

Pero de nueva cuenta, la sociedad argentina en el ataque universitario se conectó para desaparecer los fantasmas de aquellos partidos en los que después de ir ganando se vieron alcanzados en el electrónico. Solari metió el tanto del triunfo, a un suspiro del final. ¡Y el milagro se hizo realidad en la selva!