Jesús Peña
Expertos visitan una casa otorgada por el Infonavit para evaluar la calidad y los espacios. El resultado es indignante. La dependencia y los directores de obra se lavan las manos ¿Quién le responde al trabajador por sus derechos?
Ha recibido reconocimientos internacionales como la mejor administradora financiera en México y América Latina; ha sido también certificada como la primera administradora hipotecaria social, y por si fuera poco, el Infonavit ha obtenido galardones entre las dependencias del país con el mejor modelo de cobranza social.

En contraste miles de familias en Saltillo, y el resto de Coahuila, padecen la realidad que significa coexistir en una vivienda de Infonavit de 40 metros cuadrados, de esas que, pese a su valor económico, la gente ha dado en llamar palomares o casas de muñecas.

A una de estas viviendas en la colonia Santa Cristina, ubicada al oriente de Saltillo, por la carretera antigua a Arteaga, fue que, hace poco más de un año, vino a vivir doña Trinidad, con su esposo y sus dos hijos pequeños.

La familia había emigrado de Sabanillas, una ranchería del sur de Saltillo que, a falta de oportunidades de desarrollo, acabó por convertirse en un pueblo fantasma.

Por más de siete años Trinidad, su esposo y sus dos niños, vivieron en casas de renta, hasta que el marido de Trinidad, que había dedicado toda su vida a las labores del campo, logró colocarse como empleado en una chatarrera.

Con el salario mínimo que apenas gana, la familia pudo acceder por fin a un crédito para comprar una casa de Infonavit de tipo económico.

Trinidad ya no recuerda el tiempo que tuvo que pasar antes de que consiguiera mudarse con su familia a la vivienda marcada con el número 105 de la calle Santa Eva, en la colonia Santa Cristina. Un desarrollo de Urbanizaciones y Construcciones Rurales, compañía que no pertenece a la Cámara de la Industria de la Construcción y que está en la lista negra de las constructoras con más quejas ante Profeco.

La que ahora habita Trinidad es una casa de aproximadamente 40 metros de construcción, que está edificada en un terreno de 90 metros cuadrados y que comparte pared y patio exterior con las 15 viviendas que lucen hacinadas, una detrás de la otra, en la acera norte de la cuadra.

La casa tiene sala-comedor, un área reducida para cocina, un sanitario, una recámara en la que solamente cabe una cama matrimonial y un pequeño patio trasero en el que, por falta de espacio, no juegan los niños.

Doña Trini y su esposo pagarán por esta vivienda, la cantidad de 160 mil pesos en un plazo no mayor de 30 años, siempre y cuando, por efecto de los intereses, el monto no supere en pocos años los 200 mil pesos, preocupación que Trinidad comparte con las cerca de 168 mil familias que en Coahuila conforman la cartera de deudores del Infonavit.

No ha transcurrido un año desde que Trinidad llegó a la colonia Santa Cristina y la casa que le otorgó en crédito el Infonavit ya tiene cuarteaduras, presenta fallas de plomería y hasta algunos de sus muros han comenzado a desgajarse, sin que la inmobiliaria Urbanizaciones y Construcciones Rurales, responsable de la obra, haga nada.

La casa de muñecas, desde adentro
Una tarde de invierno que arribamos hasta el domicilio de doña Trinidad, quien ha accedido a abrir las puertas de su casa al equipo de Semanario y tres especialistas que debatirán en torno a las condiciones que guarda esta vivienda y sus repercusiones a nivel familiar y social.

Se trata del urbanista Jesús Salas Jáuregui, la psicóloga María Rosalinda Ascacio Rivera y de César Nápoles, presidente del Colegio de Arquitectos de Saltillo.

Juntos entramos a la casa por una especie de patio exterior, resguardado con una cerca de alambre y una barda de block que divide al "palomar" de las miniviviendas contiguas.

Doña Trinidad accede a darnos un recorrido por las diferentes áreas de la casa y penetra con nosotros los delgados muros de la vivienda hasta la sala-comedor.

Se ven aquí amontonados la cama de los niños, un ropero, el refrigerador, algunas cómodas, una mesa para cuatro personas, varias sillas y al fondo una vitrina.

Caminamos luego hasta la única recámara de la vivienda, en la que sólo cupo la cama matrimonial de doña Trinidad y su esposo; un colchón recargado en la pared y un mueble de madera que sostiene el viejo televisor de la familia.

Al lado de la recámara se ve el baño. La estufa y el trastero ocupan totalmente el área de la cocina, una pieza diminuta que conduce por una puerta desvencijada, al patio trasero de la casa y que más bien parece una suerte de corredor de bardas bajas que la familia usa como lavandería, sitio para los trabajos y habitación para la perra y sus dos cachorros recién nacidos.

Un lugar inhumano
El recorrido dura menos de un minuto y en unos segundo estamos otra vez en la sala-comedor de la casa, para que los especialistas que hemos traído aquí dictaminen sobre el caso:

"Los espacios son completamente reducidos. No hay una diferenciación entre las áreas, una vivienda debe tener tres áreas perfectamente delimitadas o separadas: el área social, el área íntima y el área de servicio, que son necesarias para que al interior de la vivienda la familia pueda cubrir sus necesidades de carácter biológico y espiritual.

"No hay las condiciones para que sea atractivo estar en esta vivienda, la vivienda es un elemento para que la gente viva bien, para que sea feliz. Estas viviendas en lugar de disfrutarse tal parece que se padecen, parece más bien una cuestión de agresión hacia la integridad, hacia la dignidad del ser humano meterlos en estos espacios tan reducidos", dice el urbanista Jesús Salas Jáuregui.

Y eso nos hace recordar que, según informes de los vecinos, hay viviendas de una sola recámara en la colonia Santa Cristina, que son habitadas hasta por dos familias completas o grupos familiares de entre seis y siete miembros.

La psicóloga Rosalinda Ascacio Rivera discute, con base en este dato, las consecuencias que desencadena el hacinamiento en sectores populares como éste: "El hecho de vivir en un lugar denigrante hasta cierto punto ¿qué es lo que va a traer? Un encerramiento que llega al hastío, al aburrimiento, a un estado depresivo y para salir de ese hastío en las casas que habitadas por cinco o siete personas ¿qué hacen? Tienden a la calle, a salir, porque aparte de que no caben, se va perdiendo la identidad misma, hay confusión, no se puede estar en un lugar, no va a estar el chico todo el tiempo todos contra todos.

"Este hacinamiento sí trae consecuencias, hasta en el propio desarrollo y esto se hace un problema social que lo vemos en tanta pandilla, porque las mismas familias, las madres, sacan a los hijos a la calle, ¿por qué?, porque ya la tienen harta, para que no ensucien, para que no hagan ruido, porque no caben...".

Al respecto, la gente del lugar cuenta de una famosa pandilla llamada "Los Pelones", integrada por adolescentes de secundaria y jóvenes de más edad, que mantiene atemorizadas a las más de 600 familias que viven en la colonia Santa Cristina y aun en sectores aledaños como Jardines del Bosque, San Angel y Emiliano Zapata.

De "Los Pelones" se reseñan daños en propiedad ajena, golpizas a transeúntes, robos a casa habitación y enfrentamientos con la policía.

Hay mala calidad
César Nápoles, presidente del Colegio de Arquitectos de Saltillo, interviene para hacer hincapié en el asunto de la calidad de la vivienda de doña Trini: "Falta calidad en la mano de obra de la vivienda, de la construcción. Falta supervisión por parte de la compañía que construyó para entregar una buena calidad".

En 2007 la Profeco recibió, sólo en el área de Saltillo, un total de 78 quejas contra constructoras por causas como el incumplimiento de garantías cuando se trata de fallas por cuarteaduras, plomería deficiente o instalaciones eléctricas inadecuadas; retraso en el tiempo de entrega de la vivienda y entrega de viviendas en malas condiciones.

De acuerdo con la versión de doña Trinidad, es común que la compañía Construcciones y Urbanizaciones Rurales, firma que edificó las casas de la colonia Santa Cristina, haga caso omiso de las denuncias de los vecinos en relación con el mal estado en que se encuentran algunas viviendas.

César Nápoles aprovecha aquí para advertir la falta de voluntad del Gobierno de ofrecer viviendas de calidad a los trabajadores, bajo esquemas de pago adecuados a su economía.

"Faltan nuevos esquemas, voluntad del Gobierno para crear programas mediante los cuales los costos se abatan y se haga, en el diseño, un análisis y propuestas de materiales y espacios muy bien pensados, bien planeados".

El especialista sabe que el reto es grande, considerando que el 70 por ciento de los derechohabientes al Infonavit ganan cuatro salarios mínimos o menos, y que esos trabajadores no cuentan con más de 180 mil pesos para comprar una casa, quizá tan pequeña como la de doña Trinidad y su familia.

Con respecto a las casas de Santa Cristina, César Nápoles advierte también la falta de equipamiento, "sí hay muchas carencias en cuanto al proyecto. No hay el equipamiento y tal parece que los constructores se olvidaron de la funcionalidad de la vivienda".

Los vecinos de esta colonia han padecido por años la falta de aditamentos y equipo para la instalación de servicios como agua potable en sus viviendas, pero además la falta de luminarias, áreas de recreación, calles pavimentadas y accesos adecuados para este sector, al que sólo se llega por la avenida Santa Gertrudis, arteria de un sólo carril por la que apenas y pueden transitar dos vehículos.

Migración desordenada
Lo mismo que la familia de Trinidad, un buen porcentaje de los pobladores de la colonia Santa Cristina son emigrados de las áreas rurales. Enmedio del debate, la psicóloga Rosalinda Ascacio Rivera, hace un balance de los costos sociales.

"Sí tiene consecuencias y vemos que el pandillerismo y la delincuencia tienen que ver con mucha gente del campo que no se puede adaptar, no entran dentro de una sociedad establecida, llegan a aliviar ese vacío con la droga o con actos vandálicos. "¿Qué es lo que hacen en todo ese tiempo libre donde no hay espacio en la casa? ¿No dicen que el ocio es la madre de todos los vicios?".

El urbanista Jesús Salas Jáuregui interviene para señalar que es el modelo económico neoliberal el responsable de que cada vez más familias del campo vengan a la a ciudad, para vivir en casas de 40 metros o menos que, sin más alternativa, les ofrece el Infonavit.

"Yo estoy seguro de que en el campo tenían una vivienda mucho mejor que ésta, cuando menos en otras condiciones, hechas con materiales del lugar, en donde cada espacio tenía su significado. Llegan aquí y chocan culturalmente con esto, pero no les queda de otra, porque han sido expulsados de su hábitat natural por el sistema.

"La gente llega a un lugar que no es el de él, a adaptarse, a sobrevivir, porque esto es vivir en condiciones de sobrevivencia. ¿Qué ha hecho este modelito económico que tenemos? Una gran fábrica de pobres. Los satisfactores indispensables para el desarrollo del ser humano no solamente es un cajoncito con agujeritos para que la gente llegue y se meta, sino una casa que sea agradable en todos los sentidos".

Especulación de predios
A medida que la tarde avanza en casa de doña Trinidad, las disertaciones de los especialistas que han venido aquí para armar este análisis suben de tono.

El urbanista Jesús Salas Jáuregui señala: "Los espacios se ven como mercancía. Hay una gran especulación con los terrenos, no se quiere perjudicar a los particulares, el Estado no quiere intervenir porque también tiene sus intereses. Hemos confundido desarrollo con crecmiento, por eso Saltillo se ha estado extendiendo como si fuera una mancha de aceite, de tal manera que si sigue creciendo al ratito ya no vamos a tener servicios".

La situación se torna compleja si se toma en cuenta que para el 2012, el Infonavit se ha fijado la meta de otorgar en Coahuila 128 mil 560 créditos para vivienda que, incluso, podrían llegar a los 140 mil pesos.

Para ello serían necesarias dos mil 571 hectáreas de tierra barata o subsidiada, con todos los servicios.

Concluye la visita
Son los últimos minutos en la casa de doña Trinidad y los académicos César Nápoles, Rosalinda Ascacio Rivera y Jesús Salas Jáuregui, se preparan ya para el comentario final .

La psicóloga Rosalinda Ascacio diserta sobre los trastornos psíquicos: "Se pierde la privacidad, viene un momento de represión, de que ya no se puede ni gritar, ni de gozar la pareja en la intimidad, porque por un lado los niños, por el por otro lado, que todo se oye.

"Esto va causando estados de represión que tienen que manifestarse como síntomas de insatisfacción, de frustración, síntomas de enfermedad. Imagínate, una colonia de insatisfechos...".

Por su parte, el urbanista Jesús Salas Jáuregui concluye que el Infonavit ha renunciado a su sentido social.

"Desde mi punto de vista, el Infonavit se ha convertido en un organismo administrador de las inmobiliarias, y en la medida en que se siga viendo a la vivienda como un negocio, vamos a seguir teniendo problemas. Las inmobiliarias no tienen un sentido social, su propósito es la ganancia".

En su última participación, el presidente del Colegio de Arquitectos de Saltillo, César Nápoles, insiste en la situación económica del país como un factor que frena el desarrollo de proyectos de vivienda acordes a las necesidades de la población: "Entre los diseñadores hay la conciencia de crear espacios cómodos para cualquier tipo de gente, lo que frena todos estos proyectos es la economía que vive el país".