Esteban Cárdenas
Alfredo Sánchez Camarillo llegó a salvar vidas y la explosión lo alcanzó. A sus 16 años es voluntario de las Aguilas Doradas, una organización de rescate que lleva más de 25 años en Monclova .
Ese domingo le tocó guardia. Cuando escuchó por el radio que había ocurrido un accidente en Nadadores, él y sus tres amigos rescatistas, abordaron la ambulancia para dirigirse a la escena. Nunca imaginaron que estaban por presenciar uno de los accidentes más graves en la historia de Monclova.

"El tráiler estaba en llamas cuando llegamos. Nos dijeron que había varios niños en la camioneta, que volaron al momento del impacto y estaban perdidos. Salimos corriendo a buscarlos cuando de repente se alumbró todo y tronó", narra Alfredo desde la cama de su casa, donde se rehabilita del impacto.

"Cuando recuperé la conciencia, no me podía levantar, me sentía amarrado al suelo. Quería gritar, pero no podía. Luego, cuando pude gritar, nadie me hacía caso. Creí que estaba muerto".

La explosión de las 25 toneladas de nitrato de amonio proyectó a Alfredo más de 10 metros, y le provocó una herida en la pierna, así como un hematoma interno. A sus 16 años, vio la muerte de frente y le dio la espalda.

"Como pude, me levanté y encontré a mi alrededor a personas que estaban más golpeadas que yo, y que pedían ayuda. Algunos sin brazos y sin piernas. Arrastré a 5 personas, pero luego ya no pude. El dolor en mi estómago era demasiado y me desmayé".

Luego de 20 minutos, Alfredo despertó y pensó en sus compañeros. En la oscuridad se dedicó a buscarlos, hasta que encontró a uno de ellos entre humo y automóviles destruidos.

Recuerda que caminaron juntos 100 metros para encontrar personal de rescate que los llevara a un hospital.

Los médicos que atendieron a Alfredo lo operaron de inmediato porque temían estallamiento de vísceras, pero por fortuna, la intervención reveló sólo un hematoma interno que no ponía en riesgo su vida.

A pesar de lo que vivió, este joven seguirá siendo rescatista en las Aguilas Doradas, donde colabora sin compensación económica desde que tenía 12 años.

Hoy, a una semana del accidente, Alfredo hace todo por recuperarse para dedicar tiempo a su hija, quien nació el mismo día que él fue dado de alta.