Máxima Barragán
Todas hablamos de él. Hay quienes mueren por experimentarlo, otras sueñan con poder sentirlo al menos una vez en la vida, unas dicen que no existe, que tal vez se trate de un mito y algunas pocas afortunadas, como su servilleta, lo experimentamos cada que queremos; incluso hasta dos o tres veces al día.
Cada una es libre de aplicar sus secretillos siempre y cuando sean en favor del beneficio propio; de aliviar la tensión, de liberar el stress y sobre todo, de ser capaces de sonreír cada mañana tan sólo con evocar algunas de las sensaciones vividas durante la noche anterior.

Para lograr un buen orgasmo, es necesario tener imaginación, conocer muy bien a la pareja y estar dispuestos a explorar y a liberarse de las ataduras sicológicas. Porque a veces, sin querer, echamos a perder el momento debido a tantas telarañas que tenemos en el cerebro.

Mi amiga Laura cuenta que a ella le encanta tener orgasmos, no le da pena admitir que se masturba mucho y disfruta de tener su cosita mojada todo el tiempo, el admitirlo no le causa conflicto alguno.

Por el contrario, mi amiga Mary es tan tímida, que no es capaz ni de observar su propio sexo porque cree que es pecado; mucho menos de tocárselo para proporcionarse placer. Y todo esto no es más que el producto de la educación que recibimos en la infancia.

Las mujeres soñamos con el príncipe azul que llegará el día menos pensado, nos cautivará con tan sólo una mirada y a partir de ese momento, cada noche nos matará de placer. Triste realidad, los príncipes azules no existen, y la mayoría de los hombres se preocupan sólo por su propio placer olvidándose de nosotras, así que el placer también deberá ser responsabilidad nuestra.

Para que una chica tenga un buen orgasmo, primero debe aprender a explorar bien su cuerpo, logrando identificar sus puntos clave. Saber como moverse y mover a su compañero para que la estimule mejor.

Claro que la práctica nos puede hacer llegar a experimentar un orgasmo múltiple y también a tener varios tipos de orgasmos, solo hace falta conocer a la pareja y saber estimular los puntos erógenos adecuados. La literatura sirve de mucho, siempre y cuando sea acompañada de la práctica.

Hay ocasiones en las que podemos llegar a experimentar un orgasmo sin necesidad de tocarnos.

Cierto día que estaba en la oficina me encontraba muy cachonda -producto de varios días de abstinencia-: bastó solo con que cerrara mis piernas para que se encendiera la llama. Empecé a restregarlas una contra la otra y no pude parar; sólo entrecerré mis ojos y jalaba aire por la boca como un pez, creo que nadie se dio cuenta y si lo notaron no importa. Estuve muy contenta y relajada a lo largo de todo el día. Fue uno de los orgasmos más intensos y castos que recuerdo haber experimentado, porque ni las manos metí.

Si bien es cierto no todas las mujeres pueden alcanzar un orgasmo vaginal y eso no significa que sean raras. Sólo que cada una es diferente.
Además, con base en a pláticas con mis amigas, me doy cuenta que la penetración siempre debe acompañarse de la estimulación en el clítoris en el momento adecuado. Y que mientras más nos preocupamos por hacerlo bien, mas tardamos en disfrutar realmente la relación y en consecuencia, entener un orgasmo. Relájate. El sexo es para sentirlo, no para pensarlo.

Practicar el sexo en cualquiera de sus formas es muy bueno, porque te pone de buen humor, además, dicen que hacerlo tres veces a la semana es como si hubieras corrido 120 Km. También es lo más parecido a la fuente de la eterna juventud; así que chicas ¡a gozar! pero con responsabilidad.