Federico Müller
Con la llegada del modelo económico mundial de integración y concentración financiera y económica, entronizado desde finales del siglo pasado en casi todas las economías del planeta, el término competitividad ha rebasado todas las referencias económicas, para ahora estudiarse y evaluarse desde un enfoque multidisciplinario que considera, aparte de la economía convencional, la mercadotecnia virtual y presencial, la política gubernamental, la educación, la tecnología, la ecología, el derecho y la sociología.
Con la llegada del modelo económico mundial de integración y concentración financiera y económica, entronizado desde finales del siglo pasado en casi todas las economías del planeta, el término competitividad ha rebasado todas las referencias económicas, para ahora estudiarse y evaluarse desde un enfoque multidisciplinario que considera, aparte de la economía convencional, la mercadotecnia virtual y presencial, la política gubernamental, la educación, la tecnología, la ecología, el derecho y la sociología.

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en su reporte sobre competitividad mundial en 2006, menciona a las economías más competitivas del planeta (Suiza, Finlandia, Suecia). Según la WEF, han logrado esa ventajosa distinción por haber conformado y desarrollado: Un sistema de derecho confiable; un manejo adecuado y sustentable del ambiente; una sociedad incluyente y participativa; una apropiada estabilidad macroeconómica; mercados de factores eficientes, sostenidos por sectores precursores (transporte, telecomunicaciones, financiero) de clase mundial; gobiernos locales, subnacionales y nacionales eficientes y eficaces que han sabido establecer relaciones políticas y comerciales tanto domésticas como internacionales beneficiosas para sus sociedades, que democráticamente los eligieron. En el ámbito externo han buscado con éxito el aprovechamiento de sus ventajas naturales y tecnológicas, particularmente en el turismo, el comercio y en los flujos de capitales.

En el caso de México, su posición en el ranking mundial ha mejorado marginalmente, avanzó tres escaños en el índice de competitividad, pasando del lugar 52 en 2006 al 49 en 2007. Evolución que no es muy meritoria si se considera que en el año 2000 estaba dentro de las 40 economías más competitivas del orbe. Esta caída se entiende mejor cuando escasean los puestos de trabajo y la sociedad se empobrece cada día porque la nación va perdiendo paulatinamente atractivo para las inversiones nacional y extranjera, de las que depende, al minimizar el gobierno su inversión pública, su crecimiento económico. Lamentablemente este país sigue siendo rehén de monopolios económicos que obstaculizan su desarrollo y de gobiernos en turno que se rehúsan a combatirlos porque anteponen los intereses de grupo a los eminentemente sociales.

De acuerdo con la Comisión Federal de Competencia (CFC) la economía nacional adolece de cuatro sectores: Telecomunicaciones, transporte, servicios financieros y energía, que presentan estructuras y obviamente conductas de carácter monopólico que impiden su aprovechamiento desde la vertiente de la libre competencia, es decir la participación de otros jugadores en esos mercados, considerados como estratégicos por todas las naciones desarrolladas del orbe. Los tres primeros sectores han mantenido posiciones privilegiadas desde que el gobierno los "entregó" generosamente al capital privado nacional e internacional, en cambio el último se considera como un monopolio estatal "casi sagrado" conformado por dos empresas para-estatales: la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (PEMEX); monopolio controvertido en su permanencia, anhelado por los grandes capitales extranjeros, pero apoyado por muchos sectores de la sociedad mexicana que se oponen a su privatización por las experiencias negativas que se han tenido con otras empresas desincorporados recientemente del erario público, y adicionalmente por constituir fuentes seguras de ingresos para apoyar programas sociales y de inversión pública de los gobiernos federal y estatal.

Según declaraciones del titular de la CFC: México es el sexto país más caro, en tarifas de telefonía fija (telecomunicaciones), entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y es el más caro, entre ese selecto club, en telefonía para negocios.

En tarifas de transporte (ferroviario y aéreo) los precios nacionales representan el doble de lo que se paga en los Estados Unidos. En lo que corresponde al sector financiero (bancos comerciales), su rentabilidad es de las más altas del mundo, proveniente de comisiones y tasas de interés que casi rayan en la usura, en cambio su eficiencia es inferior a la de los países desarrollados; continúa diciendo el funcionario público que en cuestión de energía los mexicanos pagamos aproximadamente el 50 por ciento más de lo que desembolsa un ciudadano estadounidense.

¡Vaya encrucijada en la que los políticos han metido a este sufrido país! La estatización de las empresas no fue exitosa, y su reprivatización no solamente, no cumplió con las expectativas esperadas, sino que representó un gran costo social para la población mexicana.