Dharmsala, India .- Los enviados del Dalai Lama y funcionarios chinos tuvieron másdiscrepancias que avenencias durante sus conversaciones del fin de semana sobre la situación en el Tíbet, dijo ayer uno de los representantes del líder espiritual tibetano.
Ambas partes formularon "propuestas concretas" que podrían formar parte de un temario futuro de discusiones sobre el Tíbet, dijo Lodi Gyari, enviado especial del Dalai Lama.

Pero persisten las divisiones. Gyari dijo que los chinos "formularon acusaciones infundadas contra el Dalai Lama de sabotear las Olimpiadas de Beijing. Pero nosotros dejamos muy en claro que el Dalai Lama ha apoyado las Olimpiadas desde el primer día". China ha acusado reiteradamente al Dalai Lama y sus partidarios de fomentar recientes protestas antigubernamentales en el Tíbet, lo que el líder espiritual niega.

Ayer, el vocero Qin Gang, de la cancillería china, volvió a instar al Dalai Lama a "poner fin a las actividades separatistas". "La actitud del Gobierno central es seria, honesta y sincera", afirmó Gang.

"Esperamos que el bando del Dalai también demuestre seriedad con acciones concretas para poner fin realmente a las actividades separatistas, dejar de complotar y provocar acciones violentas, y dejar de perturbar las Olimpiadas de Beijing con el objeto de crear las condiciones para contactos ulteriores". Las manifestaciones de marzo se tornaron violentas y provocaron una reacción de las fuerzas de seguridad.

La respuesta china suscitó a su vez demostraciones en varias ciudades del mundo al paso de la antorcha olímpica. Gyari no dio detalles sobre las propuestas que cada una de las partes formuló en las conversaciones. Dijo que los tibetanos reclamaron la libertad de los detenidos durante las demostraciones de marzo y que los chinos permitan a los visitantes, incluyendo periodistas, la entrada al Tíbet.

También instaron a China a poner fin a su campaña de "reeducación patriótica" en el Tíbet, que obliga a los monjes a denunciar al Dalai Lama.

Pero no estaba nada en claro de que los chinos estuviesen dispuestos a escuchar, concluyó Gyrai.