La música, bálsamo para la gente: Downs
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Llegó a ser tanta la presión de ver las noticias malas de este país, que me afectaron en mis sueños, en mi percepción.
Cuernavaca.- La cantante Lila Downs (Oaxaca, 1968) presentará mañana en la Plaza de Armas de esta ciudad su más reciente disco, Pecados y milagros, con el cual ganó el Grammy en la categoría de Mejor Album Regional Mexicano.
En una entrevista conjunta con varios medios de comunicación, realizada en el Jardín Borda, la intérprete se mostró feliz de estar en el estado natal de Emiliano Zapata, "un lugar que siempre ha representado tiempos volátiles del país, el hígado del ser", dijo.
¿En qué causas sociales ha participado y por qué le interesa estar en ellas?
Como "el que mucho abarca poco aprieta", he decidido participar en el Fondo de Becas para la Casa de la Mujer en Oaxaca, que apoya a jóvenes indígenas de escasos recursos. He participado desde hace 15 años con conciertos y cuando se puede en las campañas de prensa para dar a conocer los logros que se han tenido hasta ahora.
En algunas de sus canciones aborda temas como la pobreza, la discriminación y la migración. ¿Cuál de ellos piensa que es el más importante en este momento?
La espiritualidad. Llegó a ser tanta la presión de ver las noticias malas de este país, que me afectaron en mis sueños, en mi percepción; incluso, a veces caminando por la calle lloraba porque me di cuenta de que el país está sufriendo. Hice el disco de Pecados y milagros por eso. Me acerqué a otros artistas para que me ayudaran a hacer este material, que además me ha llevado a lugares de México donde la gente se persigna por pasar el día sin que le den un balazo. Esta es una experiencia fuerte, porque finalmente la música es un bálsamo para las personas que están pasando momentos difíciles.
¿A qué cree que se deba la mala difusión que hay de la música folclórica mexicana?
Todavía tenemos la vieja escuela del pensamiento: la gente aún cree que debemos vernos de cierta manera y hablar de una forma. Esto tiene que ver con la castellanización. Hemos llegado a un momento en el que ya no existe esa realidad. Tenemos que olvidarnos de eso. Ahora debemos pensar que todos somos iguales, que somos chingones, y que no tenemos que fijarnos en países de primer mundo para sentirnos fuertes; tenemos que mirar hacia adentro y no dar explicaciones de cómo hacemos las cosas.