'1994, el año del fin de una ilusión': Brenda Legorreta

Artes
/ 16 julio 2021

'1994, Perder y fingir' es la novela reciente de la autora, publicada por Harper Collins, en esta trata de cómo una adolescente rompe mitos y se enfrenta de manera crítica a la vida

Si un año ha sido decisivo en la vida nacional contemporánea, ese es 1994, año en que asesinaron a Luis Donaldo Colosio, el de la privatización de diversas empresas como Telmex, la entrada al Tratado de Libre Comercio con EU y Canadá, el levantamiento zapatista y dentro de este contexto Brenda Legorreta nos invita a conocer a Amalia.

Amalia es una adolescente de clase media que abre los ojos a la realidad, en el año en que también se suicida Kurt Cobain.

La novela de Brenda Legorreta le da voz a una generación actual, que enfrentó un año de crisis. El día que converso con ella le pregunto qué tanto hay de autobiográfico en ésta. 

“Hay bastante, es un género de autoficción que es donde ubico mi novela y eso quiere decir que mucho de mi vida es materia prima para construir esta historia. Yo estudié en una escuela católica de monjas, viví en el sur de la ciudad de México en ese multifamiliar -como Amalia, la protagonista- muchas cosas son reales pero nada de lo que ocurre realmente me pasó”, relata.

En su libro se mezclan realidad y ficción a través de la historia de Amalia quien tiene una inquietud constante de búsqueda de la verdad -como toda adolescente-, por lo que en la trama ella misma va encontrándose con respuestas.

Una de esas, muy significativa, es que la realidad la construimos con palabras, con el lenguaje que usamos diariamente, con la narrativa con la que expresamos lo vivido. 

“Para mí es la clave en la historia, es la epifanía final que tiene la protagonista, de 'ah ok el mundo lo conozco a partir del lenguaje y con el lenguaje creo el mundo'. De ahí viene su despertar del gusto por las letras y la literatura, pero también hay un entendimiento de sus cuestiones de fe y religión”, esto porque Amalia viene de una familia católica practicante y los acontecimientos nacionales y mundiales la hacen cuestionar sus creencias.

Este es el primer libro que escribe Legorreta para un público juvenil, antes había publicado para niños, cuestiono cuál es la diferencia. “Cuando escribí esta novela yo sabía que quería narrar una historia de adolescentes, en los noventa con una protagonista mujer, eso lo tenía claro porque me gustan mucho las historias adolescentes, soy muy fan de 'El guardían entre el centeno', de Salinger; de 'Las batallas en el desierto' de José Emilio Pacheco, son mis grandes maestros a quienes intenté humildemente imitar” narra. 

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Continúa con el hecho de que deseaba contar una historia generacional, “no estaba si a quien le hablaba era a un público adolescente de 2020 o a un público que creció en los 90”, aunque afortunadamente, luego de conversaciones entre ella y Harper Collins, su casa editorial, concluyeron que la historia funciona para ambas -suscribo-.

Algo que expresa con asombro Brenda Legorreta es que entre un grupo de bookstagrammers entre los que la editorial organizó una lectura de la novela, tuvieron curiosidad sobre cómo era la vida análoga y es que en la novela sucede que la protagonista y sus amigos iban a ir a un concierto y se equivocan de día porque no tenían en dónde consultarlo. Algo impensable en este 2021 de teléfonos inteligentes.

El año al que el título hace referencia fue definitivamente un año disruptivo, “para mí lo que lo define es el fin de una  ilusión”, describe la autora, “porque estábamos firmando el TLC y el 94 abre con el levantamiento zapatista, que eso nos sembró una realidad a los adolescentes de esa época que ya nos dejó nunca, a partir de ahí creo que nos enseñaron a cuestionar todo lo que nos comunicaban los medios, todo lo que decía el poder. No volvimos a creernos nada”.

Entonces mi curiosidad me hace preguntar, que de acuerdo a la experiencia de Legorreta, para qué sirve la literatura. “En mi caso la literatura le da sentido a mi vida, no creo en la idea decimonónica de que leer te hace mejor persona, puede haber una persona analfabeta y que sea un sabio. Yo leo por ponerme en los zapatos del otro, porque es una manera para mi de salirme de mi propio cuerpo, de esta realidad (...) El libro es la herramienta más impresionante que se ha creado”. 

“1994. Perder y fingir” es una novela corta, en apenas 150 páginas la autora hace una declaración de principios sobre la búsqueda de certezas en la etapa de la adolescencia  y lo consigue con una gran sencillez.