Cannes, Francia.- Paolo Sorrentino ha sorprendido a Cannes con un retrato irónico y caricaturesco de Giulio Andreotti, uno de los personajes más conocidos de Italia, que le sirve además para realizar una ácida crítica de la clase política de su país y de la corrupción.
Muy bien recibida en el Festival de Cannes, dentro de la competición oficial, "Il Divo" es sin embargo una película llena de detalles y matices imposibles de entender fuera de Italia.

Desde los tics, movimientos o "inexpresiones" del actualmente senador vitalicio Giulio Andreotti -interpretado con sorna por Toni Servillo- a las relaciones entre los diferentes partidos e incluso dentro de la histórica Democracia Cristiana.

Pasando por el caso de corrupción conocido como "Tangentópoli" y por las duras acusaciones que se han lanzado en los últimos años contra Andreotti, que ha sido además veinte veces ministro y al que se ha calificado de las más diversas formas, entre ellas, "El divo", "El Belcebú", "El zorro", "La salamandra", "El jorobadito" o "La eternidad", según la película.

El filme utiliza un tono absolutamente sarcástico en sus diálogos y en la composición de los personajes, de lo que resulta un retrato demoledor de la clase política italiana.

La acción de la película comienza en 1993 cuando salieron a la luz las posibles relaciones de Andreotti con la mafia, con continuos recuerdos de hechos anteriores, y llega hasta su absolución de la acusación de asociación mafiosa en 2003.

El principal problema para el director fue el hecho de que la biografía de Andreotti, de 89 años, es "extremadamente vasta", lo que hizo muy complicada la labor de selección, explicó hoy Sorrentino en una rueda de prensa.

Aunque declaró no querer hablar de política, sí resaltó que le gustaría que la película sirviera para "abrir un debate" sobre cómo están de "acartonadas" muchas cosas en Italia, que pertenecen al siglo pasado.

"No he querido hacer necesariamente una narración surrealista", precisó.

Toni Servillo, el actor que bajo una tremenda caracterización encarna a Andreotti, señaló que para cualquier actor es "muy difícil interpretar a un personaje real, más incluso si está vivo".

Por ello, trató de centrarse en los datos biográficos, mantener una cierta distancia y "mandar mensajes en código" a través de sus gestos, de sus tormentos y preocupaciones, encerrado "en esa jaula que el público en Italia conoce tan bien".

"Forzar la mano sobre la estabilidad del personaje le hubiera convertido en una caricatura de sátira", agregó el actor, presente en Cannes en las dos películas en competición oficial, "Il Divo" y "Gomorra".

Por su parte, Sorrentino aseguró que no se planteó la cuestión de hacerle parecer "simpático o antipático", si no mostrar sus "contradicciones" y su "enorme capacidad", aunque "alimentada deliberadamente con la ambigüedad".

En cuanto a la reacción de Andreotti, que ya ha visto la película, Sorrentino señaló que, para la "impasibilidad a la que nos tiene acostumbrados" ha reaccionado de una manera bastante exagerada ya que esta vez "se ha extendido y ha dicho lo que pensaba del filme", del que no ha dicho precisamente cosas positivas.

Esta es la tercera ocasión en que Sorrentino está en el Festival de Cannes, donde ya cosechó buenas críticas con "Las consecuencias del amor", en 2004, y "El amigo de la familia", en 2006.