Roma, Italia.- Apenas nueve meses después del fallecimiento del inspector de policía Fillipo Raciti, en incidentes acontecidos en el liguero Catania-Palermo, y pese a ser aprobadas una nueva serie de medidas antiviolencia, el "calcio" italiano vuelve a teñirse de luto con la muerte hoy de un aficionado.
En esta ocasión se trata de un seguidor del Lazio, que acudía en un vehículo privado a Milán a presenciar el partido del club de sus amores en terreno del Inter, pero que ha encontrado la muerte en un área de servicio de Baria al Pino (Arezzo, centro de Italia) en un incidente aún no totalmente aclarado.

Se trata de Gabriele Sandri, de 26 años y famoso en la capital por ser un conocido "pinchadiscos" amigo de algunos jugadores del Lazio. El vehículo con el joven, y otros amigos, se detuvo en la citada estación de servicio y, casi de forma inmediata, se inició una pelea con otro vehículo que allí estaban.

Un vehículo no con aficionados interistas, sino del Juventus de Turín partido desde Nápoles y que viajaba hacia Parma, donde esta tarde juega el equipo turinés.

Inmediatamente, en el intento de calmar los ánimos, llegó al área de servicio una patrulla de la policía, que circulaba en sentido opuesto adonde estaba la pelea. Y partió un disparo que atravesó una de las lunas del vehículo donde se encontraba Sandri, entrando por la zona posterior del cuello del joven y causándole la muerte.

Es la primera víctima del "calcio" tras el decreto "antiviolencia" que durante meses ha llenado y ocupado páginas de los medios informativos deportivos y no, y que tras varios debates fue aprobado por el gobierno italiano.

Un decreto antiviolencia que nació a raíz de la muertes, el pasado 2 de febrero, del inspector Raciti con motivo del duelo siciliano Catania-Palermo, de la vigésimo primera jornada liguera y que había sido, curiosamente, adelantado un día para evitar males mayores.

Así, en el intento de evitar incidentes se habían desplazado unos 1.500 policías y se adelantó al viernes por la festividad al día siguiente de Santa Agata, patrona de Catania. Pero ya el partido se vio suspendido durante 33 minutos (mediada la segunda mitad) por lanzamientos de bengalas y de botes de humo que hacían irrespirable el aire e imposible el proseguir del juego.

Controles previos no hubo, pues los aficionados pasaron de todo. Incluso un perro de gran tamaño que, durante el parón, un aficionado del Catania lanzo al campo. El animal correteó de lo lindo entre los jugadores y policías.

Tristemente, fuera del estadio llegaron enfrentamientos entre aficionados locales contra las fuerzas del orden que intentaban proteger a los seguidores palermitanos. Y, en ellos, falleció el inspector Raciti, tras ser alcanzado por una "carta-bomba" mientras estaba dentro de un vehículo policial.

Curiosamente, sólo seis días antes había fallecido el dirigente de un club del campeonato de aficionados, a consecuencia de los golpes recibidos por parte de aficionados al término de un partido.

Era Ermanno Licursi, un comerciante de 40 años dirigente del Sammartinese, falleció el anterior sábado en una pelea al término del Cancellese-Sammartinese (1-2), jugado en Luzzi (Cosenza) al no disponer el equipo que hacía las veces de local de un terreno propio de juego idóneo.

Según una reconstrucción policial de lo acontecido, mientras los jugadores se retiraban a los vestuarios, dos de ellos se enfrentaron verbalmente. Ello motivó que el resto de futbolistas también se unieran a la disputa, que ya derivó en empujones, patadas y puñetazos.

A la pelea entre los jugadores se unieron poco después algunos aficionados que estaban en las gradas, así como dirigentes de ambos clubes, entre ellos Ermanno Licursi con la intención de calmar la situación.

Licursi, mientras iba camino de los vestuarios toda vez que la pelea entre los jugadores parecía haber concluido, fue alcanzado por las patadas y puñetazos de algunos de los aficionados, falleciendo poco después pese a los intentos de las asistencias sanitarias por salvarle la vida.

La jornada posterior iba a servir para rendir homenaje a la memoria de Licursi con un minuto de silencio antes de los partidos. Pero no llegó la reflexión sobre la violencia que acompaña, una jornada sí y otra también, al "calcio", sino que trajo consigo la muerte de Raciti, de la comisaria de Catania.

Raciti, casado y con dos hijos, falleció. Un nueva muerte absurda como la de Licursi. Y no eran las únicas llegadas en un "calcio" ya teñido por el luto en múltiples anteriores ocasiones.

Cabe recordar, como meros tristes apuntes, lo acontecido hace doce años y nueve meses, a finales de enero de 1995 en Génova, cuando fue asesinado antes del Génova-Milán el seguidor genovés Vincenzo Spagnolo por navajazos que le dieron "ultras" del equipo rival.

El partido fue suspendido al término de su primer tiempo, tras saberse lo de la muerte de Spagnolo, y el campeonato se paró una jornada: la del 5 de febrero de 1995; coincidencias del destino justo doce años después ocurre lo mismo.

Entonces, las aficiones de todos los clubes se unieron en el dolor, realizaron actos de solidaridad, misas, acudieron representantes de los "ultras" de cada equipo al entierro de Spagnolo y todos se volvieron "buenos" y prometieron que no iba a pasar más un caso similar.

Las promesas, las buenas intenciones, las lágrimas (algunas de cocodrilo, por lo visto) duraron mes y medio. Pasado ese tiempo volvieron los graves incidentes entre las aficiones a varios campos.

Como también se produjo, ocho años después, en 2003, la muerte de Sergio Ercolano, un aficionado de diecinueve años, durante el Avellino-Nápoles.

Tras todos estos incidentes, como los muchos anteriores, se paralizó la jornada, se anunciaron medidas rígidas y severas, que habría más controles, billetes nominativos, cámaras en los estadios, vigilancia privada dentro de las instalaciones, y que, así, se podía acabar con la violencia en el fútbol. Pero las medidas casi nunca se aplicaron.

Sólo tras la muerte de Raciti, con un decreto antiviolencia que fundamentalmente lo que hizo fue agilizar y dar viabilidad a lo antes aprobado y nunca aplicado, se adoptaron medidas rígidas. Normas de seguridad que obligó a jugarse algunas jornadas sin público por no estar adecuados los estadios, que ha prohibido incluso este año viajar a hinchas foráneos.

Ahora, tras haberle tocado el turno con Raciti a un servidor del orden, a quien se encargaba de adiestrar a sus compañeros a solventar este tipo de "gamberrismo" que acontece cada jornada en el "calcio", tristemente todo hace indicar que el causante del incidente trágico ha sido accidentalmente un policía.

Lo lamentable, junto a la muerte de Sandri, es que ahora muchos de los "ultras", y de quienes desatan a beneficio propio la violencia en el deporte, intentaran aprovecharse del fatal incidente para volcar culpas sobre los agentes del orden, quienes se juegan jornada tras jornada su vida.

Algo de ello también aconteció con Raciti muerto, cuando aparecieron en Italia pintadas y mensajes saludando su asesinato. Está claro que ello no entra con el fútbol y el deporte, pero sufren las consecuencias de los violentos. Y hoy el "calcio" suma una jornada más de luto.