La llegada permanente del 106 Batallón de Infantería del Ejército mexicano ha provocado que vuelva a la normalidad la circulación vehicular por las carreteras en San Fenando. Foto: Archivo Vanguardia
Excélsior
La guerra entre narcos dejó devastación económica, política, social y de seguridad; la vida cotidiana es afectada por los cárteles
San Fernando.- Tamaulipas enfrenta una de las peores crisis sociales de su historia no sólo por la devastación económica, política y de seguridad que ha dejado en el estado la lucha entre el cártel del Golfo y Los Zetas, sino por el miedo y el odio que la pugna entre las organizaciones criminales ha sembrado a su paso entre las familias.

Los desaparecidos y los muertos se cuentan por miles, de manera informal algunas familias han tratado de llevar un conteo, y aunque saben que las cifras pueden ser inexactas porque no todos pueden reportar la desaparición o la muerte de algún pariente, tan sólo entre Reynosa, San Fernando y Ciudad Mier decretan como desaparecidas a tres mil 300 personas.

La información revela que el cártel del Golfo predomina sobre Tampico, Ciudad Victoria, Matamoros y Reynosa, mientras que Los Zetas mantienen su bastión en Nuevo Laredo. La llamada frontera chica (la zona más cercana con Estados Unidos) es la línea que mide las fuerzas de estas dos organizaciones.

El debilitamiento del cártel del Golfo y de Los Zetas es evidente en la zona, los enfrentamientos entre ellos cada vez son más esporádicos, aunque se han agudizado los secuestros, asesinatos y desapariciones. La delincuencia mantiene una red de informantes que de manera constante dan detalle de cada paso de los "fuereños", de la actividad del Ejército y de oponentes.

En esa entidad, en zonas focalizadas como la llamada frontera chica (de Matamoros a Nuevo Laredo) y de Reynosa hasta Tampico, el Ejército comienza a recuperar la seguridad para traer consigo la paz social. Sin embargo, los miles de habitantes que han sido desplazados, atacados, torturados y amenazados luchan entre el asedio permanente de las organizaciones criminales que los acosan para que rechacen la ayuda militar.

Las familias de Ciudad Mier, San Fernando y Reynosa viven a diario la presencia criminal.

En localidades donde la ausencia de la autoridad y su complicidad con los criminales provocó un vacío de poder, el Ejército trata de recuperar los espacios aún y cuando los criminales serpentean en la oscuridad y en el silencio para asesinar y efectuar secuestros.

Lo más difícil es que la recomposición social por el odio entre familias, el bienestar laboral, académico, empresarial, económico y de seguridad está más allá del urgente perdón entre quienes perteneciendo a Los Zetas y del Golfo se mataron entre ellos, se torturaron, e infligieron dolor y muerte.

En lo que va del año, el Ejército a través de la estrategia de alto impacto de la Operación Noreste ha logrado decomisar mil 459 armas largas, 330 cortas, 89 granadas de fragmentación, 32 toneladas de mariguana y más de 100 mil dólares.

Los elementos que participan en este operativo han logrado rescatar a 102 personas que fueron privadas de su libertad por el crimen organizado.

El Ejército presta de manera permanente y sin vacilaciones toda su fuerza y operatividad para detener la acción delincuencial en un terreno fronterizo donde por décadas las familias convivieron, autorizaron e incluso participaron de una derrama económica que dejó el tráfico de drogas y contrabando de los años 30 cuando Juan Nepomuceno Guerra fundó el cártel del Golfo.



La tranquilidad llega a cuentagotas

En la calles el temor sigue presente. Sus habitantes aún recuerdan los días de terror.

La llegada del Ejército han devuelto la tranquilidad a cuentagotas.

El municipio -al sur de la frontera entre Tamaulipas y Estados Unidos- es el punto neurálgico de las actividades primarias de la entidad y de las criminales, al colindar con Río Bravo, Matamoros, Abasolo, Soto la Marina, y con Méndez y Burgos.

Hasta hace tres años el promedio de habitantes era de 57 mil personas; sin embargo, los constantes enfrentamientos entre los cárteles de la droga han dejado una cifra flotante del alrededor de entre 35 y 45 mil.

Los datos no son nada positivas, estiman que sólo entre 60 y 70 por ciento de la población en edad escolar acude a un plantel.

El municipio para Los Zetas y el cártel del Golfo representa el punto de conexión para el paso de mercancías ilícitas, droga, indocumentados y el observatorio permanente de las actividades que realizan tanto los delincuentes como las autoridades.

El Ejército considera que desde este punto las organizaciones delincuenciales pueden establecer sus sistemas de operación a partir del movimiento que realizan las autoridades o los grupos criminales.

Por ello, se efectuaban plagios de personas que viajaban por esa zona en camiones de pasajeros o autos particulares.

Los pobladores no olvidan que integrantes de grupos delincuenciales llegaban alrededor de las 19:00 o 20:00 horas a la población y de manera permanente se llevaban a habitantes de la zona por estar identificados con alguno de los grupos criminales. Los gritos de terror se hacían escuchar en varias cuadras de donde ocurrían los hechos y el terror de ser confundido y amenazado o torturado enfrente de sus seres queridos aún prevalece.

El Ejército hace esfuerzos por devolver la paz a una comunidad severamente afectada por los cárteles del narcotráfico.

Los elementos militares no sólo patrullan y vigilan cualquier movimiento de los delincuentes sino que también realizan trabajo comunitario.

Los soldados cuidan, actúan, reparan, ayudan y tratan de darle certeza de seguridad a la población.

El comandante del 106 Batallón de Infantería, general Arturo Medina Mayoral, afirmó que "la presencia de la tropa les está dando certidumbre a la gente que ha recibido al Ejército de muy buen agrado, es una labor a la que nosotros le denominamos labor social de alto impacto, traemos especialistas en pediatría, ginecología, ortopedia, varias especialidades, para atender a la población que tiene menos recursos.

El militar reconoce que no es fácil realizar un trabajo de recuperación de la seguridad donde el crimen organizado se había asentado por los espacios de impunidad, sin embargo, dijo que se está avanzando.

Uno de los mayores logros desde la llegada del batallón es que la circulación vehicular por las carreteras y vías principales de la localidad se está normalizando, por lo que vehículos de carga, de pasajeros, de personas comienzan a utilizar nuevamente las vías.