Theodore Roosevelt IV y John Llewellyn
Los inversionistas vienen analizando desde hace varios años las oportunidades de la nueva era en relación con la defensa del medio ambiente.
Las instituciones figuraron entre las primeras en invertir en compañías de energía sustentable. Más tarde los "hedge funds", fondos de cobertura invertido en materias primas, han acrecentado de manera agresiva su búsqueda de inversiones en el sector del medio ambiente. Y ha existido una abrumadora demanda por parte de inversiones de fondos que no se cotizan en bolsa y de personas con grandes recursos financieros.

Las inversiones a nivel mundial en fuentes de energía sustentable (incluidas fuentes eólicas, solares e hídricas), se han duplicado entre el 2004 y el 2006, alcanzando a 70 mil 900 millones de dólares, según informó en el 2007 una dependencia de las Naciones Unidas.

El capital de riesgo para la energía sustentable, así como las inversiones de fondos privados que no se cotizan en bolsa, han aumentado en un 69 por ciento para el 2006, alcanzando a 8 mil 600 millones de dólares.

Virtualmente cualquier firma de cualquier sector puede cosechar los beneficios del creciente interés de los inversionistas en el cambio climático. Las compañías que fabrican o venden tecnologías destinadas a la energía, desde automóviles híbridos hasta millares de productos y servicios vinculados con el control de las condiciones atmosféricas, tienen una obvia ventaja en atraer capital "verde". Sin embargo, las operaciones de las empresas casi siempre son causantes del efecto invernadero, y los inversionistas presumen que el precio de las emisiones de gases contaminantes es inevitable. Si una compañía puede demostrar que ha diversificado sus fuentes de energía para incluir aquellas que producen una escasa o inexistente emisión de gases contaminantes, los mercados de capital responderán de manera muy favorable.

Otra manera de atraer inversiones a temas de protección del medio ambiente es adquirir una empresa que se especializa en la limpieza tecnológica, o comprar acciones. Las firmas de Wall Street han adoptado ese enfoque, al invertir en compañías de energía renovable. Aun así, la mayoría de los inversionistas no han logrado encontrar buenas iniciativas "verdes". Una reciente encuesta ha demostrado que menos de un 20 por ciento de los inversionistas han colocado su dinero en sectores de energía alternativa, pese a su fuerte interés en el sector.

Hay varias razones de por qué la demanda de inversiones en el sector verde supera a la oferta. Muchos de los inversionistas que están más interesados en el cambio climático no desean diluir sus inversiones poniendo dinero en empresas diversificadas. Ellos quieren que sus inversiones enfilen directamente hacia tecnologías o estrategias vinculadas con la defensa del medio ambiente. Por otro lado, las compañías diversificadas que tienen buenos negocios en materia de ecología, tales como unidades solares de energía, con frecuencia no desean crear productos derivados y prefieren experimentar todas las ganancias potenciales que existen en esos negocios.

El deseo de inversiones verdes es tan intensa, y la oferta tan limitada, que si los inversionistas no se muestran disciplinados, el exceso de demanda puede crear un posible desastre financiero en el futuro. Y en ese caso, los mercados podrían concluir, de manera errónea, que no es una buena idea invertir en iniciativas para proteger el medio ambiente.

Pero no es eso lo que estamos viendo. Nuestras interacciones con gerentes de fondos indican que las firmas de inversiones privadas y de "hedge funds" están haciendo lo que siempre han hecho cuando se trata de invertir: buscan los detalles y actúan con prontitud.

Es por eso que las compañías deben atraer capital de defensores del medio ambiente de la manera correcta. Inclusive en esta nueva era donde las compañías comienzan a advertir los peligros del cambio climático, los inversionistas serios siguen aplicando las viejas normas: las firmas en que invierten deben tener buena administración, ejecutar las iniciativas de manera correcta, y generar dinero.

La imposición de gravámenes a las emisiones que causan gases contaminantes creará una transformación económica de primera magnitud. Existe inclusive la posibilidad de que sea más grande que la globalización.

Las empresas que tengan más éxito en atraer el capital de sectores defensores de la ecología serán aquellas que compartan el punto de vista de los inversionistas sobre la importancia del cambio.

Los inversionistas no pueden esperar que todas las compañías sean expertas en meteorología, pero al menos confían en que cada compañía esté al tanto de una tendencia de esta magnitud y se asegure que la firma no quede atrás.

(Theodore Roosevelt IV es director gerente de Lehman Brothers y presidente del Consejo sobre Cambio Climático de la firma. John Llewellyn es director gerente en Lehman Brothers y asesor de pautas económicas de la firma. Él es el autor del informe: "The Business de Climate Change: Issues Arising").