Rosendo Zavala/El Guardián
Saltillo, Coah.- Aunque la primavera apenas comenzaba, la frescura de la mañana y su nublazón presagiaban algo importante, eso que habría de sobrevenir cuando más entretenidos estábamos en una serie de accidentes que por esos momentos se registraban sobre la carretera 57.
Y es que el acontecimiento que nos robó la jornada tenía su destino en otra parte, aunque lejos estábamos de imaginar los alcances del choque de tráileres que íbamos a cubrir, pero donde pese a su magnitud no se registraron perdidas humanas.

MAÑANA AJETREADA

Mi reloj aún no marcaba las 8:00 horas de aquel 23 de marzo del 2006, cuando una llamada trivial a la Cruz Roja me alertó sobre lo que ocurría en otra parte de la entidad, aunque mi compañero y yo decidimos tomar la noticia con cierta calma porque la actividad que teníamos en esos momentos era interminable.

Aunque el bulevar Fundadores me entretenía con un incidente vial no menos aparatoso, los reporteros que cubríamos la nota nos apresuramos para "despachar" pronto el incidente, ya que la notificación de lo acontecido sobre la carretera a Zacatecas parecía ser de más relevancia de lo que imaginábamos.

Cuando por fin se quedaron atrás las dos volcaduras que cubrimos en un lapso de 50 minutos, el fotógrafo Gerardo Avila pisó el acelerador del auto en que trabajábamos y minutos después nos olvidamos de la bruma que había por el oriente de la ciudad.

CONFUSION AL MAXIMO

Mientras cruzaba llamadas en todo el camino para saber la ubicación exacta del sitio donde inicialmente se decía que una pipa con gas había explotado, las contestaciones de las diversas corporaciones eran tan confusas como increíbles.

Por espacio de unos 40 minutos, los vaivenes de palabras que volaban por todas partes parecían perder sentido, ya que mientras más avanzábamos por la carretera 54, menos veíamos el incidente que con tanta insistencia nos manifestaban.

Esto porque tras recorrer los sitios indicados por las autoridades no lográbamos ubicar nada, por lo que la desesperación parecía ganarnos una lucha por encontrar la noticia que más tarde habría de regalarnos la portada del día.

Mientras suponíamos que el llamado se había convertido en falsa alarma, una columna de humo negro que vimos a lo lejos nos hizo retomar la confianza, optando por seguir de frente hasta que la nueva señal nos llevó a las inmediaciones de los ejidos Agua Nueva y Carneros, donde la realidad nos aguardaba de manera ardiente.

ESPECTACULAR ESCENA

Cuando por fin arribamos al lugar de la desgracia, era el mismo infierno, el frío que sentíamos se convirtió en calor y es que las llamaradas vivas del incendio que aún permanecían intactas hacían pensar lo peor, aunque mi percepción cambió cuando bajé del carro para recabar los primeros datos.

Apenas di unos pasos cuando escuché los gritos de dolor de los accidentados, eran los dos hombres que viajaban en el tráiler Volvo que provenía de Laredo cargado con telas y que invadió carril para chocar de frente contra el Kenworth que circulaba en su sentido natural.

En medio de la confusión reinante, socorristas de Bomberos y Cruz Roja atendían a los trotamundos lesionados, que presentaban quemaduras graves queles valieron para su inmediato traslado al Hospital Muguerza de Saltillo, donde estuvieron muchos días.

Por su parte, los apagafuegos se apoyaban en sus enormes camiones rojos para sofocar el incendio que paró el tráfico vial durante mas de tres horas a la altura del kilómetro 315, donde mientras algunos se detenían para ayudar en las labores otros le sacaban la vuelta al accidente.


Con el Volvo incendiado por completo y el Kenworth destrozado desde la cabina, los socorristas hicieron labor de equipo junto a los oficiales de diversas corporaciones, que acabaron con el infierno terrenal padeciendo lo indecible para cumplir su objetivo.

Tras dialogar brevemente con los traileros que resultaron ilesos en el accidente, volví a ver mi reloj y me di cuenta que ya era mediodía, porque las horas se habían ido volando sin darme cuenta, gracias a la contingencia que me asombró casi sin darme cuenta.

Convencido de que ninguna otra cobertura del día le ganaría a la mía, regresé al periódico con pocas notas, pero todas de valor, feliz de haber cumplido y satisfecho porque acababa de vivir una experiencia que hasta ahora no he podido olvidar.