Liliana Alcántara / Universal / Enviada
Los Angeles, Cal.- Un grupo de agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), del Departamento de la Policía y de Inmigración y Aduanas en esta ciudad irrumpieron en la vivienda en pleno día. ¡Salgan, es la policía, FBI! gritaron los agentes. Pero nadie respondió y la policía ingresó por la fuerza.
Primero se toparon con mujeres y hombres que decían no entender lo que pasaba, pero al hurgar hasta en la cocina, la policía encontró alcohol, droga y condones.

El golpe fue contra una banda dedicada a la trata de mujeres, quienes eran explotadas en el comercio sexual. Sus líderes son de Guatemala y México y su futuro se decidirá en tribunales estadounidenses en febrero de 2008, cuando se les dicte sentencia.

El caso Vázquez-Valenzuela, como lo denomina Miguel Palomino, agente del Departamento de Inmigración y Aduanas, costó un año de investigaciones, persecuciones e infiltraciones.

La banda fue detectada por la policía al recibir denuncias anónimas que hablaban de la existencia de una vivienda custodiada día y noche, con mujeres y hombres que eran distintos cada semana, ventanas clausuradas y cercas con alambre de púas.

El primer testimonio lo obtuvieron cuando una de las mujeres logró escapar de la casa. En Estados Unidos se otorga protección y asistencia a las víctimas para que colaboren en los procesos judiciales.

Ella declaró que alrededor de 25 mujeres guatemaltecas eran explotadas, que sus tratantes les cambiaban los nombres y las trasladaban a seis distintas casas continuamente, que un taxista las transportaba, que eran traídas a Estados Unidos a través de Tijuana con la promesa de que serían contratadas en joyerías y restaurantes, pero que en principio debían dedicarse a la prostitución para pagar una deuda de 20 mil dólares por el viaje, el hospedaje y la alimentación. Si no aceptaban la "oferta" las amenazaban con matar a sus familiares.

En octubre de 2006, la policía de la ciudad y el FBI intentaron dar el primer golpe, pero la casa había sido abandonada horas antes. Alguien les avisó.

Tuvieron entonces que intervenir números telefónicos de las otras casas e infiltrar a un agente como cliente para que colocara equipos de grabación en el lugar, hasta que el 20 de diciembre de ese año pudieron ingresar a una de las fortalezas. Fueron rescatadas 11 mujeres -tres de las cuales tenían 13, 14 y 16 años de edad- y arrestaron a ocho personas que ya habían sido identificadas como líderes de la banda.

Eran Gladys Vázquez (ciudadana guatemalteca y jefa de la banda), Miriam Vázquez (hermana de Gladys) y su esposo, Gabriel Valenzuela (de nacionalidad mexicana), y Cristina (la hermana mayor y que fungía como guardia).

También detuvieron a Angela (la hija de Gladys) y a su novio, Pablo (que era el taxista, mexicano también), a Armando (hermano de Angela) y a su novia, Flor. Ella primero fue explotada, pero después se hizo novia de Armando "para que me trataran mejor". Sin embargo, la policía le fincó cargos porque el resto de las mujeres aseguró que ella también las custodiaba.

Para contactar a las víctimas, las hermanas y sus esposos viajaban a Guatemala. Las traían con engaños a Estados Unidos con documentos falsos y una vez reclutadas las obligaban a prostituirse. Gladys decía que esas mujeres eran sus "joyas".