Austria.- "Lamento de todo corazón lo que hice a mi familia", fueron hoy las últimas palabras de Josef Fritzl, acusado de violación, incesto y homicidio
"Por desgracia, ya no puedo hacer nada. Sólo me queda procurar, si puedo, limitar el daño", dijo Fritzl en la cuarta sesión del juicio.

Anteriormente, la fiscal Christiane Burkheiser acusó en su alegato final al hombre conocido como "el monstruo de Amstetten" de homicidio por omisión de ayuda por dejar morir a su hijo-nieto Michael en el sótano donde lo tenía encerrado. Fritzl engendró a Michael y a otros seis hijos-nietos con su hija Elisabeth, a quien violó repetidas veces y mantuvo cautiva en el sótano de su casa durante 24 años.

También la abogada de Elisabeth, Eva Plaz, pidió la pena máxima por homicidio. "Michael murió torturado, y mi mandante ser vio obligada a verlo durante días", dijo ante el jurado. "El acusado se nombró a sí mismo dueño de la vida y la muerte. Y debe ser castigado por ello", agregó.

El abogado de Fritzl, Rudolf Mayer, rechazó la acusación de homicidio y pidió comprensión para Fritzl, pues "de todos modos será sentenciado a 20 años de cárcel".

Fritzl está además acusado de esclavitud, un cargo que en Austria sólo se ha llevado ante los tribunales una única vez y que conlleva una condena de hasta 20 años de prisión.

Tras manifestar su inocencia en las dos sesiones anteriores ante el cargo de homicidio por omisión de ayuda, Fritzl, de 73 años, confesó por sorpresa el miércoles que dejó morir a Michael, cuyo cadáver incineró después en una estufa. La fiscalía lo acusaba de impedir que recibiera tratamiento médico en abril de 1996 por temor a que se descubriera su terrible crimen. Y el pequeño perdió la vida apenas 66 horas después de nacer.

De este modo, el acusado se declaró culpable de todos los cargos. Al parecer, el cambio de postura se produjo después de ver el video de su hija Elisabeth, que durante 11 horas relató los horrores que padeció a lo largo de los 24 años que estuvo encerrada por Fritzl.

La psicóloga forense Adelheit Kastner, encargada de evaluar el estado psicológico del acusado, concluyó que Fritzl se encontraba en plena posesión de sus facultades, pero padece "una peligrosa necesidad de poder y control" que se traduce, en parte, en el sexo.

Un peligro que, tras sus experiencias, no acabará con la prisión, afirmó.