Máxima Barragán
Teníamos una vecina tan fea tan fea que los chicos del barrio la apodaban La Culpa, porque nadie se la quería echar. Así como ella existen muchas culpas que nadie quiere echarse; nos sentimos culpables por comer de más cuando sabemos que estamos pasadas de peso.
Los adolescentes se culpan por haberse masturbado e incluso algunos aún sienten temor de que les vaya a salir un pelo en la palma de la mano.

Algunas veces ha ocurrido que voy por la despensa y al momento de pagarla, cuando el dependiente me pregunta si acepto unirme al redondeo le he contestado que no, me sobrepongo al sentimiento de culpa pensando en que debo darle algunas monedas al señor que empaca la mercancía, y guardar otras para el que se lleva el carrito del super, una vez que he guardado las cosas en el auto.

El verano pasado me fui de vacaciones durante dos semanas a pesar de estar en bancarrota, cuando me entraba el remordimiento de conciencia veía el cielo azul, escuchaba el sonido de las olas, me tumbaba en la arena, observaba mi estupendo bronceado y me olvidaba de todo.

Cada mañana al sonar el despertador muy en mi interior me digo - sólo 5 minutitos más - y así pasa media hora, por lo tanto llego tarde al trabajo, prometiéndome a mí misma que será la última vez, y al día siguiente vuelve a ocurrir exactamente la misma historia de los 5 minutitos más.

La pornografía ha sido criticada, satanizada y todo mundo habla pestes de ella. ¿Cómo es posible que genere millones de dólares anualmente? Aún y con los sentimientos de culpabilidad que llega a despertar en muchos de quienes la disfrutan, es innegable que aún sin confesarlo abiertamente al mundo, a la gran mayoría le encanta.

Otra culpa menos culposa la generan las revistas de chismes, sabemos que el amarillismo es el denominador común de todas las noticias de espectáculos, pero nos encanta estar leyendo esos chismes que a nadie deberían interesar, pero a menudo la información más inútil es la más placentera.

Los reality shows merecen un punto y aparte, todos los criticamos, pero nos deprimiríamos o nos quedaríamos sin tema de conversación si de un día para otro fueran eliminados de la televisión. Nuestro espíritu vouyerista no encontraría salida a tanta curiosidad insana, preocupada por ahondar en las vidas ajenas.

Hay de culpas a culpas, unas más otras menos; pero como dicen vulgarmente, tan culpable es el que mata la vaca como el que le sostiene la pata. Aceptémoslo todos tenemos nuestros placeres escondidos y nuestros deseos insanos que en determinado momento nos hacen sentir culpables.