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Prepare su viaje a este paraíso jalisciense con gastronomía de talla mundial, nado con delfines, buceo profesional, actividades para niños y hasta turismo rural en la parte de la sierra .
Qué tal ir en las vacaciones de fin de año. Aunque si lo consulta con la familia y se deciden, tienen que reservar con anticipación, porque quizá se sature.

En tanto lugar privilegiado de playa, en plena Bahía de Banderas, por supuesto que la primera opción es hospedarse en uno de los múltiples hoteles familiares que hay aquí. Si la idea es descansar, sobran albercas, playa y sol.

Si no tiene muchos recursos, también Puerto Vallarta es para usted, porque aquí las cosas no están tasadas en dólares ni hablan exclusivamente en inglés ni lo van a ver feo si viene en plan mochilero. Hay hoteles de todos los niveles de calidad, desde antiguos hostales, limpios y ordenados, hasta hoteles boutique y masivos de gran calado, todo incluido, algunos, incluso, con spa de primer mundo.

Si lo suyo son las vivencias, tampoco hay problema. Hay tour operadores que le diseñan el plan de actividades para el día: esnórquel, nado con delfines, buceo, recorridos en camionetas 4x4, vuelos panorámicos, lo que se le ofrezca.

Por la noche, la oferta gastronómica y de diversión es espectacular. Discotecas y antros se desenvuelven en un plan muy familiar, lo que no quiere decir aburrido o "fresa". Simplemente no hay mal ambiente, ni grupitos densos que den miedo.

El problema será escoger un buen lugar para cenar: Café des Artistes, Le Kliff, el Z Tai, el Tikul y La Palapa son sólo algunos de los lugares más exclusivos de la plaza.

O sea que si usted dice que ya conoce Puerto Vallarta porque fue cuando era niño, se llevará la sorpresa de su vida y unas espléndidas vacaciones.

Para comer bien

Déle vuelo a todos los sentidos cuando ande allá de vacaciones, pero en especial resérvele un buen espacio al paladar.
Ahí no se come para llenarse, ni para ocupar las horas muertas entre el día y la noche.

Ahí se degusta, se aprecian los sabores, los matices, las especias. Se sienten las texturas debajo de la lengua, en la garganta. Se mezclan con vinos de muchas tonalidades, que resbalan despacio y hacen reacción química con los alimentos, dando lugar a terceras sensaciones, para las que hay que estar preparado, dispuesto, sensible. Terciopelo en la boca.

La tradición gastronómica vallartense se consolida en lugares que ya son leyenda y que comandan chefs de clase internacional. ¿Dónde comenzar?

z Café des Artistes. La joya de la corona es este lugar de Thierry Blouet. Es donde hay que ir para ver y ser visto. La delicia de sus platillos, fusión mexicano-francesa, está acorde con su decoración minimalista, pero colorida. No le pide nada a lo mejor de la ciudad de México, Nueva York o París.

La carta es de diseñador. Todo lo que pida aquí, pescado, carne, ensalada, sopa o marisco sólo aquí se sirve. Sus porciones son generosas, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares donde el minimalismo es llevado, ya no digamos al extremo, sino a la avaricia.

La carta de vinos es de las mejores en el país y quizá en América Latina. El ambiente lo pone usted. Buena plática, amigos, familia, piano en vivo de fondo y un buen puro acompañando el digestivo.

Se encuentra a una cuadra de la avenida principal de Puerto Vallarta, en pleno centro. La calle es Guadalupe Sánchez
740.

z Z Tai. En pleno centro de Puerto Vallarta se encuentra este oasis mitad Nikki Beach, mitad Vallarta-México. Con un lounge que no le pide nada a los internacionales en cuanto a música y ambiente, refleja un estado juvenil casual acompasado por los ritmos de moda.

Su martini geisha, elaborado con sake y pepino, es espectacular. La comida, para variar, es con toques asiáticos.

Consta de tres conceptos diferentes en uno: un restaurant estilo Pacific Rim Internacionalizado, un jardín relajante y un bar minimalista con sonidos lounge, chillout y minimal, con reminiscencias de los años 80 y 90; todo con una buena vista del malecón. Se encuentra en la calle de Morelos 737, a una cuadra del malecón. Cualquier taxista lo lleva rápido.

z Le Kliff. No está en el pueblo, sino rumbo a Mismaloya, en el kilómetro 17.5 de la Costa Sur. Su vista es espectacular pues está ubicado en pleno acantilado, con vista a la bahía. No es raro ver desde aquí cómo saltan las mantarrayas o los delfines.

Inaugurado el 18 de diciembre de 1983, concebido en armonía con el medio ambiente, crea una atmósfera acorde al impacto ambiental de la región utilizando para sus pisos rodajas de madera de palo fierro y barandales de bambú.

Otrora usado para filmaciones de películas de acción de Arnold Schwarzenegger o Chuck Norris, este lugar es hoy el más exclusivo para organizar banquetes de bodas por su rara distribución de pisos hacia abajo y por su exquisita cocina. Su especialidad son los pescados y mariscos.