Terapias diana e inmunoterapia

Vida
/ 16 diciembre 2016

Se trata de fármacos enfocados a moléculas concretas que expresan determinados tumores.

Los tratamientos más innovadores contra el cáncer, las terapias biológicas o diana y la inmunoterapia, además de ofrecer resultados contra el tumor, también presentan unos efectos secundarios más leves que el tratamiento convencional con quimioterapia, aunque en casos aislados la toxicidad puede llegar a ser severa.

“No son tratamientos inocuos, pero la tolerancia del día es más llevadera que con la quimioterapia con la que el paciente puede estar una o dos semanas algo afectado y esta situación prácticamente desaparece con las terapias diana o de inmunoterapia”, explica Susana Hernando Polo, oncóloga de la Fundación Hospital Alcorcón de Madrid.

Sin embargo, en porcentajes bajos pueden producir toxicidades que, si no se controlan o se suspende el tratamiento, podrían llegar a dañar al paciente, advierte la especialista, quien ofreció una ponencia sobre “Nuevos fármacos, nuevas toxicidades: manejo de toxicidad en terapias antidiana e inmunoterapia” en el XVI congreso de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM),  celebrado recientemente en Madrid.

Se trata de fármacos enfocados a moléculas concretas que expresan determinados tumores. Un misil dirigido a una diana, un objetivo concreto. Lo contrario a la quimioterapia.

“La quimioterapia clásica destruye las células que tienen un crecimiento rápido, tanto las tumorales como las sanas del aparato digestivo, de la piel, del cabello…

Todo lo que tiene un recambio rápido lo va a dañar. No hay nada especifico que permita distinguir qué células son las tumorales de las normales”, explica la doctora.

Hay muchos tipos de terapias diana (en función de la biología del tumor) y para diferentes órganos, pero una de las primeras fue el trastuzumab(comercializado como Herceptin por Roche) dirigido al cáncer de mama que expresa la molécula HER2 “y que ha cambiado radicalmente la evolución de este tipo de cáncer que antes se consideraba agresivo y asociado a una supervivencia más corta”, indica Hernando Polo, que forma parte del Grupo de Cáncer Familiar de SEOM.

La posología habitual de este fármaco es por vía intravenosa cada tres semanas. En primer lugar se administra junto a la quimioterapia y, tras una media de seis ciclos, se aplica en monoterapia como tratamiento de mantenimiento.

“Cuando se administra junto a la quimioterapia -apunta la especialista-, los efectos secundarios son los propios de la quimioterapia pero, tras esta fase, los pacientes pueden reanudar su vida normal porque no afecta al cansancio, ni a la bajada de defensas que predispone a infecciones, ni produce malestar digestivo, ni caída de pelo. Es uno de los que menos toxicidades presenta”.