La Jornada
El grupo no trata solamente de difundir "música antigua", como se suele llamar al género ars nova que dominó durante el medievo, sino de dar a conocer la vanguardia musical de esa época.
México, D.F..- Sutil, dulce, angelical, pero al mismo tiempo, intenso, voluptuoso, infinitamente placentero. Así es el sonido que emana, cual brebaje alquímico, del ensamble Mala Punica.

¿Su secreto? Interpretar sin pudor, pero con profundo refinamiento, aquellas partituras realizadas en el siglo XIV por compositores que, más allá de cumplir con ordenanzas eclesiásticas o políticas, tuvieron la audacia de plasmar su gran amor por la música, sin miedo a la experimentación.

De visita por primera vez en México para presentarse en el contexto de la versión 25 del Festival de México en el Centro Histórico, el grupo fundado en 1987 por el argentino Pedro Memelsdorff se prepara para seducir al público con un repertorio que en los albores del Renacimiento era el bocado más preciado de reyes, príncipes y jerarcas católicos.

Mala Punica será, como lo han dicho varios críticos musicales, de lo mejor que viene con el festival citadino, con sus danzas religiosas, prohibidas en su época por lo febril de sus intenciones.

El grupo no trata solamente de difundir "música antigua", como se suele llamar al género ars nova que dominó durante el medievo, sino de dar a conocer la vanguardia musical de esa época.

Entre lo sacro y lo profano

En entrevista con La Jornada, Memelsdorff explica que "en toda época ha habido música muy moderna, nueva, que a unos excita y a otros desorienta. Nosotros traemos esas composiciones experimentales, en las que cada compositor y cada intérprete les agregaban mucho de lo suyo.

"No eran creaciones fijas, eran móviles y aunque después llegó la homologación y ortodoxia a la composición, nosotros nos enfocamos en piezas realizadas durante las décadas imprevisibles."

El compositor, quien ha logrado reunir en Mala Punica una suerte de torre de Babel, con músicos y cantantes de Italia, Francia, Bélgica y Checoslovaquia, entre otras naciones, señala que las piezas que abordan provienen de un cruce entre lo sacro y lo profano y no son sólo "música bonita, también es muy emotiva, hay mucha tensión, búsqueda y conflicto", por ello, fue muy criticada por los especialistas de entonces, "les daba tanto miedo como placer", añade Memelsdorff.

El programa que presentará Mala Punica (frase en latín que significa granadas, símbolo medieval de la fertilidad y el misterio) también incluye motetes, populares composiciones caracterizadas por la polifonía.

"Traemos unos que llamo `motetes de Estado', porque eran encargos de los políticos o líderes de la Iglesia para ser interpretados en ocasiones especiales, pero en ellos hay mucha ironía del compositor, obligado a ponerle música a un texto, pero es precisamente la música la que brinda la oportunidad de comentarlo, glosarlo, inclusive criticarlo y desacralizarlo."

Este viernes Mala Punica se presenta en la Sala Nezahualcóyotl (Insurgentes Sur 3000), a las 20:30 horas.

El concierto que ofrecerán en el templo de Regina Coeli (Regina y Bolívar, Centro Histórico), este sábado a las 20:30 horas, durará una hora, dividido en tres momentos. El primero, con los motetes de Estado, el segundo con melodías eróticas y de amor, y el cierre con un gran conjunto de danzas sacras y profanas.

Las partituras provienen de pergaminos que muchas veces eran borrados para volver a escribir sobre ellos, "con técnicas bastante nuevas se puede descubrir ahora lo que a simple vista no se ve, muchas de las obras que presentaremos son precisamente ésas que se encontraban abajo".

Música como un todo

Pedro Memelsdorff se emociona al recordar cuando, a los 17 años, en los archivos del Vaticano, conoció por primera vez esas melodías polifónicas que, no obstante, brindan a cada participante una autonomía en favor del todo: "no es una música camarística ni solista, es un todo", reitera.

Pero Mala Punica no ha sido inmune a las críticas de algunos musicólogos que "creen que el texto musical es nada más lo que tiene de escrito; sabemos que como antes sonaba es muy diferente a la huella que ha dejado.

"Lo único que tengo que decirles a ellos es que el ciento por ciento de lo que interpretamos está escrito, pero el ciento por ciento está interpretado, a veces nos equivocamos, es cierto, pero toda interpretación es una hipótesis que enseña algo", concluye el director del ensamble, quien ya visitó la Catedral Metropolitana y conoció los archivos de música coral que ahí se resguardan.

-¿Le gustaría en algún momento trabajar con ese material?

-Me encantaría.

Como cereza de este festín de melodías figura la oportunidad de escuchar instrumentos "de época": un echequieu (arpa mécanica), construida a partir de planos del siglo XIV, un "jovial" organeto, que semeja un bando-neón, o una viella, entre otros.