Londres, Inglaterra.- La viuda del ex agente ruso Alexander Litvinenko, que murió en Londres contaminado con una sustancia altamente radiactiva, presentó una queja ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y acusó a Rusia de "complicidad" en ese asesinato, se anunció el viernes.
"Marina Litvinenko presentó una demanda ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo", indicó su abogada, en una rueda de prensa en Londres en el primer aniversario de la muerte del ex agente ruso, que falleció el 23 de noviembre pasado en un hospital londinense, contaminado con polonio 210.

En su queja ante el tribunal europeo, presentada el jueves, la viuda del ex teniente coronel de los Servicios Federales de Seguridad de Rusia (FSB) acusó a Moscú de "complicidad" en el asesinato de su marido.

Marina Litvinenko denunció también a las autoridades rusas por "no haber realizado una investigación eficaz sobre su muerte".

El ex espía, que acababa de recibir la nacionalidad británica, acusó en su lecho de muerte al presidente ruso Vladimir Putin de haberle envenenado.

"Quiero saber quién es el responsable del asesinato mi esposo", dijo la viuda en la rueda de prensa en la que estuvo acompañada del padre de Litvinenko y algunos de sus allegados, entre ellos el magnate ruso exiliado, Boris Berezovski.

"Prometo que un día sabremos quién lo mató", agregó Marina en el acto celebrado frente al hospital en el que murió su esposo, tras una larga agonía de 23 días.

El padre de Litvinenko, Walter, rindió un emocionado tributo a su hijo, en el acto en el se volvió a leer la carta en la que el ex espía acusa a Putin de haber ordenado su asesinato.

"Los gangsters que envenenaron a mi hijo en el restaurante del hotel Millennium siguen aún ahora tratando de demostrar al mundo que pueden hacer lo que quieren con impunidad", denunció el padre.

Berezovski aseguró a su vez que no tenía "ninguna duda" de que el Kremlin estaba directamente detrás de la muerte de Litvinenko, convertido en un abierto opositor de Putin.

La muerte del ex espía tensó las relaciones entre Gran Bretaña y Rusia, que se deterioraron a niveles no vistos desde la Guerra Fría, después de que Scotland Yard confirmara lo que todos sospechaban: que la muerte del ruso de 41 años había sido un asesinato.