LA JORNADA
Nueva York, EU.- Los augurios no eran buenos para el mercado del arte: la crisis financiera y la paralización de la economía estadunidense iban a sentirse, vaticinaban los expertos antes de las subastas de arte moderno y comtemporáneo de la semana pasada en Nueva York. "Las cosas se pondrán feas", llegó a decir un ejecutivo de Christie's en alusión a los efectos a largo plazo.
Pero luego nada de eso sucedió, al menos por ahora.

Las subastas estuvieron incluso plagadas de récords. La casa So-theby's sumó la semana pasada 470 millones de dólares, su mejor resultado para arte de posguerra. Las acciones subieron más de 9 por ciento.

Christie's le fue a la zaga. Ingresó casi 350 millones de dólares, cifra por encima de la mínima esperada, de 282 millones.

"¿Recesión? ¿Qué recesión?", se preguntaba la comerciante de arte neoyorquina Barbara Gladstone al abandonar la sala de subastas. Y su colega José Mugrabi manifestó al New York Times: "No entiendo cómo puede ir tan bien si la economía realmente está tan golpeada. Quizá las personas se sienten más seguras con el arte".

Por si acaso, las casas de subastas tomaron previsiones tras la explosión del mercado del arte en 2006 y 2007. "Nos concentramos conscientemente en menos oferta, pero alta calidad", afirmó Amy Cappellazzo, co-jefa de la sección de arte contemporáneo en Christie's.

Hubo entre un tercio y un cuarto menos de lotes que en los años anteriores, aunque a cambio el precio promedio de los cuadros subió. "Agrupamos nuestras ofertas en torno a dos grandes obras maestras modernas", señaló Simon Shaw, experto de Sotheby's. "Sigue habiendo hambre de arte, pero es un hambre muy exigente."

Los compradores le dieron la razón. Benefit supervisor sleeping, del británico Lucian Freud, y el monumental Tríptico, 1976, del irlandés Francis Bacon fueron vendidos respectivamente por 33.6 y 86.3 millones de dólares.

Incertidumbre y competencia

La situación, sin embargo, dista de ser estable. Primero, porque si se confirma que el comprador de las dos obras récord fue el empresario de origen ruso Roman Abramovich, como especulaba hoy la prensa británica, no se trata de una tendencia, sino de la enorme influencia de una sola persona.

Y porque en vista de la incertidumbre y la competencia en el sector, las casas de subastas se ven obligadas a garantizar a sus clientes un mínimo por la venta, al margen de si luego se cumple o no. En algunos casos se cree que han comprado cuadros de su bolsillo en forma anticipada, en un juego arriesgado.

Además, el Wall Street Journal advertía antes de las subastas que Sotheby's tenía dificultades para cobrar el dinero tras las ventas.