El País
-Yo aquí soy uno más. No soy mejor que ninguno y estoy aquí para ayudar. Vamos a intentar ganarlo todo, pero si no ganamos, no juego yo sólo, somos 20 más, dijo el jugador
Maynooth, Irlanda.- El cielo y las nubes de Maynooth siguen del mismo color. También sigue soplando el viento sobre esta población irlandesa. Pero hace más calor. El encargado de seguridad situado en el primer control de acceso al hotel de los jugadores del Real Madrid ya no cierra un ojo y exige controlar la acreditación de cada uno y de cada coche. Sabe que no es un día normal. Sabe que dentro de una hora va a hablar Cristiano Ronaldo.

Doscientos metros después del primer control, la entrada al centro de prensa está casi colapsada por las cámaras. Los cuatro empleados de seguridad del Madrid van y vienen para controlar que esté todo en orden. Hablan a través de las radios con los tres empleados de seguridad del hotel. Entran y salen por una puerta secundaria sin parar. Y, 15 minutos antes de que comparezca Cristiano, invitan a todos a dejar libres los pasillos y a desplazarse hacia la sala de prensa. Allí también hay que poner orden y uno de los responsables de comunicación del Madrid va repartiendo los espacios: las cámaras a la derecha y los fotógrafos a la izquierda. Eso sí, los demás pueden sentarse donde les apetezca...

Es el día de Cristiano ante los medios de comunicación y parece un ensayo de evacuación en un país en guerra. O la ceremonia de entrega de los Oscar. La situación es tan poco normal que hasta el equipo ha cambiado su rutina de trabajo. Por un día, Manuel Pellegrini quita la doble sesión de entrenamiento mañanera y cita a la plantilla sólo por la tarde. Algunos, como Guti, aprovechan el tiempo libre para echar un partido de golf. Otros, como Raúl, optan por entrenarse y corretear en solitario. La situación es tan poco normal que sólo al jugador más caro del mundo (el Madrid pagó por él 94 millones de euros) le parece normal. "A mí todo lo que me rodea me parece normal", soltó ayer el portugués.

Parecía otro respecto a su anterior cita con los medios, diez días antes, en el día de su puesta en escena en el Santiago Bernabéu ante 75.000 personas. Allí se le vio relajado, más sonriente, más natural, más abierto y más cercano. Ayer, en cambio, dio una imagen totalmente distinta: rostro serio, cara de recién levantado, frases forzadas. Sí hubo sonrisas, pero no espontáneas. Es como si hubiese entrado en el papel -discurso preparado, respuestas generalizadas del tipo "me gustan todos los jugadores, todos tienen calidad", "todos me han recibido muy bien"...- y tuviese que cumplir con la imagen de hombre (correcto) de club.

Su imagen cercana desapareció para dejar sitio a una más bien sobreactuada, y más para alguien tan cuidadoso con su imagen que se mira al espejo incluso antes de enfilar el túnel de vestuario para salir a jugar. "Yo estoy siempre concentrado en mi trabajo. Para ser más sincero, me da igual lo que escriban de mí, si hablan bien, si hablan mal...", dijo ayer. Bien o mal, el caso es que se hable. Y algunos jugadores que compartieron vestuario con él en Manchester United dan fe de ello. Aseguran que si un día, por la razón que fuera, Cristiano no salía en la prensa, montaba en cólera.

Él intenta transmitir todo lo contrario.

-Hace diez días te definías como el mejor jugador del mundo. ¿Ahora te consideras el mejor del Madrid?

-Yo aquí soy uno más. No soy mejor que ninguno y estoy aquí para ayudar. Vamos a intentar ganarlo todo, pero si no ganamos, no juego yo sólo, somos 20 más...

Pero con sólo preguntarle por David Beckham, otro icono mundial de la imagen, del que Cristiano heredó el dorsal número 7 cuando fichó por el Manchester, su discurso del ser uno más se esfuma por arte de magia. Igual que hacía el inglés en todos sus desplazamientos, Ronaldo dedica parte de su día a atender a colas y colas de gente que le piden una foto o un autógrafo. ¿Te has fijado en Beckham en tus comportamientos públicos?, le preguntaron. "Beckham es Beckham y yo soy yo. Tengo mi personalidad, mi carácter y no copio a nadie. No me gusta fijarme en las cosas que hacen los demás", espetó.

En menos de dos semanas, Cristiano ha mostrado dos versiones de sí totalmente distintas. En el vestuario creen que no les afectará. Él, por si acaso, se ha adelantado: "Lo que más me ha llamado la atención del Madrid es el grupo. No me lo esperaba, me quedé sorprendido, más después de haber leído en la prensa lo mal que se hablaba del vestuario de este equipo. Están todos equivocados".