¿La canción ‘Despacito’ es mala? Sí, igual tantas óperas banales. ¿Debió ser adaptada a una versión sinfónica? Artescénica decidió que sí

Cuando mi primo Juan José Flores Durán y yo éramos niños, su padre compró la enciclopedia “El Nuevo Tesoro de la Juventud”. Se trata de un compendio de historia, poesía y ciencia, algo que todo niño debería tener en casa. Pero los 10 mil pesos de 1979, pagados en rigurosos abonos, se empolvaban en un estante mientras mi primo y yo preferíamos lo popular y leíamos el “Libro Vaquero”. Así que cuando mi tío Juan nos veía hacerlo, nos reclamaba gritando: ¡Ahí están los de 10 mil!

Algo similar sucedió con el Encuentro Internacional de Ópera Artescénica, que al final del concierto en la Plaza de Armas de Saltillo, y luego de dúos y arias de ópera, cerró con la adaptación de “Despacito” de Luis Fonsi y Daddy Yankee, canción que lleva casi 3 mil millones de reproducciones en YouTube, un hecho que me llena de rabia, pues hubiera querido ser yo quien la escribiera y ahorita estuviera igual de hinchado, pero de billetes.

Como decía mi tío Juan, “ahí estaban los de 10 mil pesos”, pero Artescénica se atrevió con “Despacito” en versión sinfónica. Esto supuso montón de críticas, unas con un punto de vista informado, diciendo que no fue prudente hacerlo. A otros no les gustó la idea de la adaptación y está bien, porque ni modo que te tenga que gustar todo. Otros más dijeron que se trató de una herejía, pues los cantantes de ópera y las orquestas sinfónicas no deben tomarse esas libertades.

Pero también surgieron esos a los que hace referencia el gran Juan Villoro cuando dijo que “hay gente que vive pre-ofendida. Su máximo anhelo es que los decepciones. Así que es fácil satisfacerlos”. A ellos ni como ayudarles. Pero antes de intentar responder algunas de las críticas, les aviso que no pretendo ser objetivo (aunque hasta ahora no he podido conocer a una sola persona objetiva), pues mi hija Regina, de 13 años, es cantante de Artescénica y para ser aceptada aplicó un examen riguroso.

Así que soy testigo principal de las jornadas de 12 horas, de lunes a domingo, del cansancio extremo, de maestros que los llevaban al límite y de rutinas que parecían no acabar. Fui a las presentaciones de Artescénica y, muy a mi pesar, hasta a la Catedral de Saltillo fui a parar, donde escuché “Stabat Mater”, del galés Karl Jenkins. 

Estuve en el maratón de escenas de ópera en el Teatro de la Ciudad, donde presentaron “Les Pêcheurs de Perles”, del francés George Bizet y “Don Giovanni” y “Las Bodas de Fígaro” de Mozart; y también fui a la Plaza de Armas, y por más esfuerzos que hago, no recuerdo haber visto los rostros de los críticos. Tampoco leí una sola línea que hiciera mención de Artescénica, aunque esto no es un requisito para la crítica, pero sí permite informarse un poco mejor acerca de su trabajo.

Y es que luego del concierto leí argumentos asegurando que “Despacito” es una canción cargada de misoginia, una baratija inaceptable carente de contenido y que hasta en la música popular hay diferencias y tienen razón. 

¿Hay misoginia en “Despacito”? Sí, al igual que en “Rigoletto”, donde Gilda se sacrifica para salvar la vida del duque infiel; o en “Turandot”, con Liu suicidándose por amor; o en “La Forza del Destino”, con Leonora apuñalada a muerte por su propio hermano por amar contra lo socialmente aceptado. Mozart, la gloria de la música, era misógino y racista (un humano más), pues en “La Flauta Mágica” Pamina despierta los deseos insanos de Monostatos, un hombre de color, malvado, violento e incapaz de controlar sus sentimientos sexuales por Pamina.

¿La canción “Despacito” es mala? Sí, al igual que lo es “La Oca del Cairo” de Mozart y tantas óperas banales y hasta estúpidas, pero como están en el catálogo de música clásica, entonces tienen que ser buenas. ¿Debió “Despacito” ser adaptada a una versión sinfónica? Artescénica decidió que sí, y yo vi al público contento y no creo que alguien haya ideado un perverso plan para dominar las mentes de los presentes con una idea popular, algo muy distinto al populismo. No hubo pretensión más allá que entretener los tres minutos que dura la canción.

¿Consiguió Artescénica que muchos voltearan a ver su trabajo? Eso espero, porque lo que hacen es notable. ¿Voy a convencer a los que no les gustó de que tampoco fue para tanto y que más se perdió en la guerra? Quizás, pero eso será despacito, pasito a pasito.

@marcosduranf