Enrique Bunbury / Foto: Cuartoscuro
El cantante zaragozano está ausente de la luz pública hoy en su cumpleaños 50

Abordo de los Héroes del Silencio, comandando su Pequeño Cabaret Ambulante y a los Santos Inocentes, Enrique Bunbury ya tiene un andar bastante largo, acompañado de varios fans y odiado por muchos otros. Dicen que es el Maná de España, pero no existe punto de comparación entre él y los mexicanos, sólo es un punto de encuentro para detractores de su música.

En su calendario no hay presentaciones próximas. El último material, Palosanto, data de 2013. Hada Chalada se trata del último sencillo que promocionó como par­te de sus Archivos, un par de volúmenes que recorren la carrera de Enrique a través de clásicos, de canciones ja­más incluidas en sus ma­teriales, bandas sonoras y colaboraciones.

El festejo lo hará en solitario. A menudo se manifiesta a través de sus redes socia­les, quizá será hoy la ocasión para el onomástico. Si él no lo hace, Mon Laferte lo está haciendo aho­rita. En su descanso, tiempo de grabación, lo que sea en lo que el zaragoza­no ande, la chilena le da pre­sencia con su sencillo Mi buen amor, un dueto incluido en su disco La Trenza.

 

Desde 2014, Bunbury dio a conocer que estaría en una especie de retiro temporal. En aquella ocasión anunció cancelaciones de conciertos y reapareció en el Vive Lati­no de hace un año ante más de 80 mil personas.

Su actividad es esporádica desde hace unos años, de pronto sale con la sorpresa de un disco nuevo, sencillo inédito, libro o cualquier sorpresa que se le ocurra.

Es un hecho que no vol­verá con Héroes del Silencio, en 2007 hicieron una gira y Bunbury dejó en claro que fue el adiós definitivo del gru­po que lo vio crecer y que dio clásicos como La chispa ade­cuada e Iberia sumergida.

Pero todas esas canciones aún son tocadas por él en su faceta como solista, así lo hizo en el Vive Latino.

Su carrera como solista ha tenido altibajos desde que comenzó con su Radical sonora hace casi 20 años. Porque fue un giro electrónico, más movido que sacó de sus casillas a los fanáticos de los Héroes del Silencio, desgraciadamente esto hizo que Radical Sonora no fuera bien recibido, incluso con canciones como Alicia (Expulsada del país de las Maravillas), Salomé y Servidor de nadie.

Fue hasta el disco Pequeño donde por fin se sacó la espina y se echó a todos a la bolsa, donde imprimió música mediterránea, ranchera, minimalista y todas sus in­fluencias. Hasta 2002 entró al terreno comercial con Fla­mingos y su Lady Blue. Siguió el éxito con El viaje a ninguna parte, un material conceptual de 2005 donde Bunbury contó sus viajes.

A partir de ahí ya Enrique tuvo su carrera más sólida, que después se desplomó, pues sus siguientes álbumes no fueron del total agrado de sus fans, hasta que sacó su MTV Unplugged con colabo­raciones como Draco Rosa, Vetusta Morla, Carla Morrison y León Larregui, duetos que gustaron, pero jamás dieron la talla como la mancuerna que hizo junto a Nacho Vegas en el disco El tiempo de las cerezas.