El planeta de los simios

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Se ha dicho que ningún libro que no sea la Biblia ha tenido un mayor efecto sobre la humanidad que “El origen de las especies por medio de la selección natural”, del inglés Charles Darwin. Esta obra, que hace unos días cumplió 157 años, sacudió al mundo entero, pues logró probar que la evolución biológica se refiere a los cambios en todas las especies durante la historia en la Tierra.
Darwin explica que todos los seres vivos compartimos un pasado común y que el cambio evolutivo dio y seguirá dando origen a nuevas especies. Demostró al mundo una premisa que es tan brutal como cierta: “En la lucha por la supervivencia, el más fuerte gana a expensas de sus rivales debido a que logra adaptarse mejor a su entorno”.
La teoría sobre la evolución del hombre desafió las creencias del siglo XIX al cruzar la línea fronteriza de la fe y la ciencia, pues enfatiza que las especies cambian con el tiempo, lo que puso en duda la teoría generalmente aceptada hasta entonces que era la historia de la creación plasmada en la Biblia. Ahí se probó que los organismos unicelulares evolucionaron en las plantas y los animales más complejos, finalmente, evolucionaron hacia lo que hoy somos: el Homo Sapiens.
Pero para llegar a lo que hoy somos se tomó un poco más de siete días como dice el Génesis, pues la ciencia ha probado que fueron cuatro mil 500 millones de años desde la formación de la Tierra, hasta hace 2.5 millones de años en que nos erguimos y vimos hacia el horizonte y ya no al suelo, y apenas hace 200 mil años en que evolucionamos para convertirnos en los actuales humanos. Lo dicho, la religión no requiere de pruebas, la ciencia sí.
Esto es una evidencia incontrovertible de que aún y con hechos comprobables y comprobados, la ciencia no es apta para todas las especies. Y es que existe un simpático argumento de la teoría creacionista que hace la siguiente pregunta: ¿si la evolución es cierta, porqué los simios no continúan evolucionando y se transforman en humanos?
Una respuesta ha llegado ya, una prueba más de que la evolución sigue, pero que en nuestra historia como humanidad es tan reciente respecto a los años que se toma, que jamás podremos presenciarla.
En el mes de octubre pasado, la revista Science publicó un estudio que prueba que los simios no sólo son muy inteligentes, sino que además son capaces de descifrar lo que un humano está pensando. Se llama la “La teoría de la mente”, la capacidad de algunas especies, entre ellas los monos, de anticiparse a los pensamientos de los demás, algo que en el pasado había sido probado en niños de dos años y que ahora los científicos han experimentado con chimpancés y orangutanes.
Esta investigación consistió en que un grupo de científicos de las Universidades de Duke de EU y Kioto de Japón pusieran a 30 primates a observar una dramatización para comprobar si estaban poniendo atención a la escena. En esta especie de obra de teatro para monos, una persona disfrazada como simio robaba una piedra a un hombre y la escondía en una caja.
Luego el hombre salía de escena y la persona disfrazada cambiaba la piedra de caja y al final la retiraba. Después regresaba a buscar la piedra y los primates aún y que se sabían que no estaba en ninguna de ellas, fijaban su mirada en la primera, consciente de que el hombre creía que estaba escondida ahí.
En resumen, se puede decir que los monos se anticiparon a la acción de un humano, motivada por una falsa creencia. Hasta antes de esta investigación se creía que sólo los humanos tenían la capacidad de detectar un hecho de esta naturaleza. Pero de los 30 primates que fueron sometidos al experimento, 22 fijaron la vista en las cajas y, de ellos, 17 lo hizo en forma directa en el momento en el en que el hombre volvía a escena.
Christopher Krupenye, antropólogo de la Universidad de Duke, afirma que el siguiente paso en esta investigación será el intentar detectar si los simios no tan sólo son capaces de detectar una falsa creencia, sino también de entenderla.
Al leer este artículo científico recuerdo a personajes muy retorcidos y hasta con la apariencia, pero sin la inteligencia de los monos; es entonces que llego a la conclusión de que la evolución continúa y la teoría de Darwin está más vigente que nunca: ellos son la prueba.
@marcosduranf