El horario de VERAMLO

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/
true

Sin dar visos de agotamiento o el menor atisbo de que su administración vaya a aminorar su impresionante marcha, el mejor Presidente de México anunció ya su nueva cruzada, la cual emprenderá en contra de uno los peores azotes del pueblo bueno que gobierna: el Horario de Verano.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha buscado la manera de acabar con el Horario de Verano. Y allí, donde científicos, ingenieros y estadistas de todo el mundo han fracasado, nuestro venerable sabio macuspano triunfará, liberando a su rebaño y probablemente a toda la humanidad, del tiránico yugo del cambio de horario.

Si de mí dependiera, hace mucho que habría mandado al cuerno esta modalidad, porque nunca he sido “morning person” y si un día tengo que madrugar (para lo que sea), me irrita muchísimo pensar que en un universo paralelo (sin cambios de horario) me habría quedado una hora más, todo pachoncito, en mi cama; de manera que llego yo muy emperrado a todas partes y comienzo a tratar a todo el mundo con desprecio y hostilidad. Ya como a eso de las tres de la tarde (y si el almuerzo fue una experiencia satisfactoria) es prudente dirigirme la palabra.

Aunque la mayoría de las fuentes sostienen que en México se comenzó a implementar el horario veraniego en 1996 durante la presidencia del doctor Ernesto Zedillo, ya desde el sexenio del “Innombrable” se hicieron algunos ensayos. Sin embargo, la inquietud humana por manejar el tiempo con un criterio distinto durante los meses de más luz diurna, se remonta a las civilizaciones antiguas.

Se dice que los romanos inventaron algo mucho más ingenioso que lo que nos acomodó la tecnocracia: Horas de diferente duración según la estación. Durante los días más largos, las horas llegaban a durar más de 70 minutos, pero en las jornadas de menor duración, las horas eran de apenas 44 minutos, o así.

¿Se imagina traer de regreso este sistema a la actualidad? Sí, quizás en verano se volvería más demandante cumplir con el horario de la oficina, o con los deberes carnales conyugales, o lo que viene siendo la relación sexual; pero al menos en la oficina hay aire acondicionado para sacarle la vuelta a la canícula y nuestro esfuerzo se vería compensado en los meses de otoño-invierno.

Pero no somos ya unos campesinos que se alumbran con velas hechas en casa, obligados a aprovechar cada minuto de luz y a refugiarnos al caer la noche (porque no vaya siendo el hombre lobo). La competitividad y complejidad del mundo moderno no nos permitiría regirnos de esta manera. Pero no me negará que al menos los romanos se esforzaron más.

Otra alternativa que se ha manejado sería la de modificar los horarios de servicio de comercios y dependencias (desde más temprano en verano, desde luego, y más tarde en invierno). Es decir, cambiar hábitos, pero no la hora legal, claro, en actividades no esenciales y siempre que el presunto beneficio lo justificase.

Pero lo cierto es que durante décadas hemos padecido el horario de verano sin que se nos informe cuáles son los supuestos ahorros que reporta, ya sea para la economía del País, para las finanzas familiares, o para el medio ambiente.

Hay en efecto una cierta necesidad de homologarnos con el primer mundo que por mera coincidencia es nuestro vecino. Pero tampoco es como que tener un horario distinto vaya a perjudicar gravemente nuestras relaciones comerciales o diplomáticas (no más de lo que el mismo AMLO las jode). Tan sólo en los mismos Estados Unidos hay tres horarios distintos y en México tenemos dos, y durante algunas semanas, estados fronterizos como Coahuila y Texas tienen una hora de diferencia y nada de esto ha desquiciado a nadie.

Así que por esta vez, me adhiero totalmente a la moción del presidente López Madrugador, para que el Horario de Verano sea erradicado de la faz de la Tierra o, por lo menos, suprimido para siempre del territorio nacional.

Sin embargo... (aquí vamos): Una vez más, el Presidente está nuevamente y como de costumbre, abanderando una causa popular, pero sin ninguna clase de metodología, sustento técnico, estadístico o científico.

Recalco: yo apoyo completamente su propuesta, pero carezco de un estudio con datos debidamente recogidos que nos digan por qué sería bueno dejar de implementar el mentado cambio de horario, o que en su defecto nos diga por qué es tan malo en comparación con “el horario de Dios”.

El populista Andrés Manuel busca colocarse siempre del lado del sentimiento generalizado (siempre que no vaya en contra de alguno de sus intereses). Y sabedor de que el Horario de Verano genera mucho repudio en una amplia clase trabajadora mexicana, le es fácil y barato meter el tema a su agenda.

Y no dudo que haya buenísimas razones para decirle adiós a los cambios de horario además de que como ya le digo, yo lo abomino. ¿Pero por qué entonces el gobierno es incapaz de presentar estas razones de manera estructurada y con un mínimo sustento metodológico, más allá de la improvisada argumentación que AMLO pueda esgrimir en una mañanera?

Sólo por una vez y para ver qué se siente, sería deseable que un cambio se realizara por razones fundadas en los hechos, en los datos, en un informe técnico y no en el discurso, la ideología, las fobias de nuestro gobernante en turno o en la aquiescencia o el rechazo popular.

Todos tendremos algo que opinar o suponer al respecto. Pero ninguna opinión puede jamás contra el aplastante peso de la verdad.

Ojalá, por una sola vez en este sexenio, una sencilla acción estuviese debidamente sustentada en una cierta metodología, en un análisis somero cuando menos, y no en los macuspanos cojones de quien sólo actúa guiado por su intuición o los afanes populistas.

Temas



Columna: Nación Petatiux

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM