Juro que lo que voy a contar es cierto. De los juramentos de los amantes, decían los antiguos, se ríe Júpiter. Con mayor razón ha de reírse de los juramentos de los escritores, más vanos aún que los votos de los enamorados. De cualquier manera juro que lo que voy a contar es cierto.

Con estos ojos que tanto han visto (“quién sabe lo que verán después que me juzgue Cristo”, se preocupaba Borges), con estos ojos, digo, leí una carta de amor que me mostró el hombre que la recibió. Este señor tenía relaciones de carnalidad -que son las relaciones de mayor relación- con una mujer casada. La dicha señora salió de viaje en compañía de su marido, pero se las pudo arreglar para escribirle a su querido una misiva de amor. En aquellos años -mediados del pasado siglo- aún se escribían cartas, y muchas de ellas eran cartas de amor. He aquí, sin quitar ni poner nada, el texto de esa amorosa epístola:

“Chato lindo: No sabes cómo te he extrañado en estos cuatro días que no te he visto. La falta de tus caricias me está volviendo loca, tu ausencia es un puñal que llevo clavado aquí en el corazón.

¿Me extrañas tú, mi vida? ¿Te recuerdas de nuestras tardes de pasión? Yo me parece que estoy oyendo tus frases cariñosas, tus palabras ardientes. No te imaginas cómo quisiera estar contigo. Ojalá se pasen pronto los días que faltan para mi regreso. 

Espérame, y no te portes mal.

Mi amor, quiero que sepas todo el amor que siento por ti. Ya te lo he dicho de palabra, pero ahora quiero confiar mis sentimientos al papel. Desde el primer día que te vi me enamore de ti. No podía quitar mis ojos de los tuyos, y tú te diste cuenta. Me encantaron tus ojos, tu pelo chino, y ese bigotito que tanto me gusta sentir cuando me besas.

Desde entonces te llevo en el fondo de mi corazón y mi alma con un amor incomparable. Si el destino lo hubiera permitido habría sido tuya ante Dios y ante la sociedad. Pero nada me importa el mundo, seguiré viviendo este amor oculto. Lo único que me importa es que tú me quieras como te quiero yo.

Tiemblo al pensar que nuestros caminos puedan separarse. ¡La suerte es tan ingrata! Quizá algún triste día te apartes de mi lado. 
Te lloraré con lágrimas de sangre, y mi llanto será más triste pues a nadie podré decirle por qué lloro. Pero aunque te vayas seguirás viviendo en mi corazón, y mi recuerdo te seguirá por donde vayas.

Ya se me acabó el papel, Chato adorado, pero no se me acaban las palabras para decirte que siempre te he querido, que te quiero más que el primer día y que jamás dejaré de quererte. Soy tuya hasta el fin de mi vida. Te amo con todas las fuerzas de mi corazón y nadie habrá de ocupar el sitio que llevas dentro de mí, donde te tengo puesto un altar en el que te adoraré siempre como se adora a Dios. Tuya, tuya siempre, tuya más allá de la muerte, tuya hasta la eternidad”.
Te quiere: Tu muñequita linda.

POSDATA: Encontré en una botica de aquí una pomada que el boticario me dice que es muy buena para los hongos, y te la compré. Es para los pies, pero se me hace que también te va a servir para esa comezón que te da en tus huevitos”.


Armando FUENTES AGUIRRE
PRESENTE LO TENGO YO
‘Catón’ Cronista de la Ciudad

Catón

Columna: De política y cosas peores