Cuando el congreso de Estados Unidos recibió la orden presidencial de encontrar una solución distinta para los participantes del programa DACA (Acción Diferida para los llegados en la infancia, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, a cargo de Luis Videgaray, emitió un comunicado bla-bla que prometía que “México recibiría a los dreamers, que regresaran a nuestro País, con los brazos abiertos”… se activarían iniciativas enfocadas a ayudarlos a reintegrarse, como bolsa de trabajo, becas y programas de créditos, pero ninguna información apareció en el portal del Instituto Nacional de Migración. 

Recordemos que lo mismo dijo el fatídico presidente número 56, José López Portillo, pero en el contexto de que con el boom del petróleo mexicano y las reservas probadas teníamos que aprender a administrar la riqueza y a recibir con los brazos abiertos a quienes se fueron por falta de oportunidades en México.

El Gobierno mexicano jamás ha tenido los alcances ni la llamada voluntad política para amortiguar las dificultades, ni de los jóvenes de aquí, menos a los deportados de allá. Siempre hay dinero para estafas maestras, para precampañas, intercampañas y campañas, y propaganda política donde se dilapida sin misericordia el dinero de los ciudadanos. No existe un proyecto de nación para sacar de la pobreza a más de la mitad del País.

Barack Obama calladito, y siempre sonriente, deportó a tres millones cuatrocientos mil mexicanos. Eso sí, ganó con el voto de los dreamers. Eunice Rendón, coordinadora de ‘Agenda Migrante’, asociación para la protección de migrantes mexicanos, dijo que los migrantes han vivido en zozobra desde Bush padre. Trump sólo ha hecho visible el problema humanitario: 800 mil jóvenes, más otro millón, que por su perfil ciudadano y escolar eran candidatos a estar en el DACA, aunque no hayan solicitado pertenecer al programa ahora sufren nuevas y feroces amenazas de deportación. 

Observadores políticos señalan que, mientras la comunidad cubana sí ha hecho política y políticos en Estados Unidos, la comunidad mexicana se instala en la comodidad de vivir mejor que como vivía aquí. Si hubieran hecho política tendrían representantes; si hubieran salido a votar, Trump no hubiera llegado. Pero como el “hubiera” cobra caro, se quedaron pasivamente en casa y ahora pagan su error.

¡Decídete a ser feliz hoy! 

@_A_lfonsina