Sally Aguayo/enviada
Monclova, Coah.- "Si Dios lo ha mandado llamar, fue porque lo necesitó, sólo él sabe por qué hace las cosas", fueron las palabras del párroco a Nataly, viuda de Andrés Ramírez Reyes, reportero del periódico La Prensa, que el pasado domingo falleció en cumplimiento de su deber.
"El Papa Papa", como era conocido entre sus compañeros, tenía 23 años, y el pasado sábado 8 se convirtió en padre por primera vez, teniendo así la dicha de conocer a su hijo, Andresito, a quien desde hacía tiempo esperaba, y con el sentido del humor que lo caracterizaba afirmaba que éste sería su sucesor.

Y en la misa que se ofreció en su honor en la parroquia Cristo Rey, su esposa, madre, amigos y compañeros, le dieron el último adiós en el panteón de Guadalupe, en donde ahora Andrés descansará en paz.

Para Andrés, su primogénito, vendría a revolucionar su vida.

"Papa Papa" inició a los 20 años en esta profesión, siempre tuvo bien definida su vocación, pues la adrenalina que provoca estar siempre en constante riesgo era su pasión.

El primer medio donde colaboró fue en el periódico La Voz, a los 20 años, allí comenzó a demostrar su amor hacia esta profesión, pues según sus propias palabras "Vivir es adrenalina".

En La Voz siempre ocupó el puesto de reportero de policiaca, nunca hubo otra área por la cual él se definiera, era bueno en lo que hacía, pues el amor que sentía por su profesión se veía reflejado en su trabajo.

De ahí le sobrevino una oportunidad mejor en el periódico El Tiempo, donde buscando tener un mejor ingreso para así poder darle lo mejor a su esposa Nataly y a su primogénito, emprendió el vuelo hacia un futuro mejor.

En El Tiempo permaneció varios meses, donde siguió "duro y dale" trabajando a sol y sombra, para sacar su trabajo, el cual siempre se veía reflejado en cada una de las notas policíacas, pues lo mismo cubría un asalto a mano armada que una riña entre pandilleros, pasando por un choque, y terminando por un muertito.

A finales de 2006 ingresó al periódico La Prensa, en la misma sección de policiaca, y ahí se reencontró con su "compadre" Néstor Jiménez, ellos dos y Carlos Ballesteros "El Cone" eran pura dinamita.

Durante los 11 meses que duró colaborando para el periódico La Prensa, su arduo esfuerzo, noches en vela y esa constante dedicación a su profesión lo colocaron como uno de los consentidos, pues siempre estuvo "al pie del cañón".

"Esta profesión es de riesgo, desgraciadamente a uno siempre lo ponen como el malo cuando va a cubrir una nota, pero es nuestra chamba, todos tarde que temprano vamos para allá, y no hay nada mejor que morir haciendo lo que a uno le gusta", ese siempre fue su lema.

Y afortunadamente para él, su partida de este mundo terrenal fue como siempre lo profesó, haciendo su trabajo. Aunque para uno como compañero la pérdida de un amigo es siempre dolorosa. Andrés descansa en Paz. Tus amigos siempre te vamos a recordar.