Todo poeta tiene algo de filósofo aficionado.
Sólo el filósofo es auténticamente poeta.

126

Hasta la sonrisa es un fenómeno cósmico,
pues todo sucede en algún punto del cosmos.

127

La ruidosa y banal épica de los noticieros,
que apenas conmueve ya
al espectador más distraído.
En lugar de mostrar imágenes tremendistas,
los locutores de televisión
debieran mejor hablar en verso.

128

Sólo la mujer continúa guardando hoy
las leyes de la hospitalidad,
esas que volvieron al hombre sedentario,
y lo hacen aun cuando ello genere
los más peligrosos malentendidos.

129

La coquetería es la forma más pura
del malentendido, pues en ella no hay
distinción entre mentira y verdad.

130

El amor es la forma más abstracta
de la hospitalidad: importa menos la persona
que la generosidad del acogimiento.

131

Tenía la impaciencia de los pesimistas:
le urgía demostrar que no podía hacerlo
y que además no tenía importancia.

132

Rutinarios como una plegaria,
los noticieros dejan de serlo
en cuanto ocurre un auténtico acontecimiento.