La anécdota de la entrega pasada, sobre la malograda vida del desdichado cocreador de Batman, nos sirvió para establecer que no todo lo legal es necesariamente justo, bueno o ético.

Si no la leyó, mucho favor me hace buscándola y echándole un vistazo, ya que de nueva cuenta me castigó la red social y no tengo mucho margen para la retroalimentación, pero puede ser que le guste y quizás hasta aprenda algo para matar los silencios incómodos:

-¿Sabía usted, suegrita, que Bill Finger nunca recibió reconocimiento alguno por su enorme contribución al imaginario del Caballero de la Noche, a diferencia de Bob Kane, que era el dueño del personaje?

-¿Y no te parece que ya estás grandecito para esas jaladas? ¡Ahora me explico por qué estamos en el juzgado peleándote la manutención de mis nietos, baboso!

Bueno… quizás no todos los silencios incómodos.

Pero en efecto, aunque los convenios y contratos de explotación del personaje, que vale millones de dólares y es administrado por DC y Warner –es perfectamente legal y habrá un ejército de abogados para defender y demostrar este hecho–, lo cierto es que dejar fuera de la jugada el nombre del autor que hizo más aportes a este universo de historieta no sólo es feo y triste, también es inmoral.

Un juez puede emitir una sentencia, y ésta estar apegada a todas las leyes en la materia e incluso a los principios de la constitución, pero al mismo tiempo el fallo puede ser una verdadera aberración.

Las leyes no son infalibles, es cierto, pero menos lo son si se aplican de manera dolosa, selectiva y a discreción.

Déjeme le cuento ahora un chiste extraído de esa cantera de penurias y melancolía que es la prensa local.

Se nos informó en días pasados que el Tribunal de Justicia Administrativa (yo ni sabía que existía tal cosa) de Coahuila (alguien acláreme si es poder Judicial o Ejecutivo, por favor), inhabilitó por tres meses al exalcalde de Saltillo, Isidro “Chilo” López Villarreal, para el servicio público.

Va de nuevo: el dicho Tribunal inhabilitó a nuestro siempre mal parado Chilo, Chilín, Chilinsky para ocupar cualquier puesto, de elección o de confianza, en cualesquier dependencia pública por tres mesesotes.

El chiste es tan bueno que funciona a varios niveles, como el verdadero humorismo fino:

Primero, porque inhabilitar a alguien para el servicio público por tres meses es tan pueril como sentenciar a alguien a purgar una pena de dos minutos en prisión. Es completamente inocuo (aunque la intención más evidente es dañar la reputación del sentenciado).

Porque impedirle al viejo rico del pueblo trabajar de godínez durante tres meses o tres décadas o tres siglos, francamente le debe venir muy holgado.

Si “Chilo” López se merecía esta sanción, decídalo usted. A lo mejor sí, chance sea López Villarreal el personaje más perverso, vil y corrupto que ha pasado por la Presidencia Municipal de la capital Coahuilense. Peligro y hasta tiene un criadero de cocodrilos a donde arroja a sus víctimas y su risa es algo así como: “¡muajajajajajá!”.

Pero la parte medular de este chiste es que el Tribunal que lo sanciona está conformado por distinguidos magistrados, propuestos en su momento por el entonces desgobernador –hoy diputado lacayo de la 4T–, Rubén Ignacio Moreira Valdez.

Así es, uno de los más desaseados funcionarios –quizás el peor junto con su carnal–, en la máxima investidura del Estado, Rubén “el Nútrete, Mídete, Ciérrale” Moreira, fue quien configuró este tribunal a modo (comenzando por su titular y presidente, Sandra Rodríguez Wong), que de no ser así, el primero en ser investigado habría sido el propio señor de las empresas fantasmas y las cuentas mochas, seguido del autor de la megadeuda con quien orgullosamente comparte apellido y ADN.

Olvidé decirlo: el perverso López Villarreal fue el único alcalde que en su momento le reprochó pública y legalmente a Moreira Valdez todos los millones de pesos que el Gobierno Estatal le estaba jineteando a los municipios. Ahora todo cobra más sentido, ¿no?

Tiene sentido y tiene gracia. Tiene chingos de gracia, si me permite la palabreja: Se ríe “Chilote” de su castigo (“¡ay no, la de la fuente no!”) , se ríe Rubén (ese güey se carcajea, yo creo); se ríen los mensos del Tribunal ese, hasta que se les aflojan los esfínteres y nos reímos todos los coahuilenses de ver cómo se aplican sanciones inocuas a políticos igualmente anodinos, mientras que los peces gordos continúan, a través de sus mascotas, imponiendo su ley, que no justicia.

Como dijimos: lo hacen legal, pero no deja de ser una reverenda elongación genital.

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