El guión parece tomado de un día cualquiera en la política de Estados Unidos, España, Alemania o Brasil. Más bien parece el guión de esta época, un signo más de los tiempos que corren. Llegan los 100 días de gobierno, los ánimos polarizados no pueden esperar. No hay novedades bajo el sol, por un lado están los que aplauden todo; por el otro los que todo reprueban. En este escenario, me gustó mucho la conclusión que Víctor Trujillo expresó en un tweet del 10 de marzo: “Es indudable que los #100DíasDeAMLO han sido un éxito rotundo para Andrés Manuel @lopezobrador_ Sinceramente deseo que muy pronto sus decisiones al frente del @GobiernoMX y el desempeño de su equipo, merezcan el mismo reconocimiento”.

El presidente goza del apoyo de la enorme mayoría de los mexicanos. Por el momento, los mexicanos no están dispuestos a darle la espalda. Haga lo que haga, diga lo que diga, tiene un respaldo evidente y transversal, según afirman los más diversos estudios de opinión pública. Para AMLO, todo indica que la estrategia es correcta. Cada mañana ataja los señalamientos que se van presentando, si lo hace bien o mal, es lo de menos. Dice algo en cada tema y con ello se agota el impacto de la noticia. Son tantos los temas a comentar, que difícilmente podemos procesarlo todo, y todo se mira en blanco y negro, sin matices, de ahí que los radicales de uno y otro extremo se aferren a sus conclusiones por absurdas y poco creíbles que sean.

La estrategia también ha sido exitosa porque él resulta ser siempre la nota, como en el caso de Trump, sea como fuente, como comentador o como comentado. En un escenario así, no hay quien le haga sombra, aunque muchos actores, desde expresidentes hasta líderes sociales, critiquen cuanto hace y dice, lo que los coloca en los extremos y descalifica sus críticas poco a poco, por venir de quien vienen. De un opositor sólo pueden esperarse críticas. Parece una conclusión muy sencilla para el pueblo llano.

En consecuencia, para la oposición, se pone mucho muy difícil construir un liderazgo que contrapese a un personaje como López Obrador. Ahí tenemos el ejemplo de los demócratas frente a Trump; o la tardanza de la oposición venezolana frente a Hugo Chávez. Es muy difícil competir con figuras de ese talante. Lo vivimos en Coahuila con Humberto Moreira, su popularidad llegó a tal grado en las elecciones intermedias, que se volvió intocable, los candidatos del PAN le aplaudían en lugar de criticarlo. La estrategia es muy riesgosa, el consuelo es que no existe la reelección.

Finalmente tenemos el argumento de la libertad de expresión. ¿Viola la libertad de expresión un Presidente que contrataca a sus críticos y oponentes, endosándoles una letanía de calificativos nada amorosos? A algunos medios comunicación les ha tocado bailar con la más fea. En especial al Grupo Reforma, flanco favorito de los ataques presidenciales, aunque de repente los usa como ejemplo y aplaude lo que publican. Licencias que el Tlatoani puede darse.

No podemos concluir que la libertad de expresión esté siendo coartada, tampoco podemos decir que suceda lo contrario. Falta mucho para que termine este gobierno, lo cierto es que hoy los medios circulan en la más absoluta libertad. El propietario de Reforma fue citado al SAT para hacer  una aclaración fiscal por 12 mil pesos, es la única acción gubernamental de que se tiene noticia; ustedes perdonarán, pero eso mismo tienen que hacer, ordinariamente, decenas de miles de mexicanos. Si se trató de un error, que bueno que le sucedió al dueño de Reforma, a ver si así mejoran en el SAT y se ponen las pilas; Si no lo fue, pues que no sea codo y pague los 12 mil pesos, tampoco es el fin del mundo para él.

Lo que sí es novedad, es la posibilidad de un Presidente de defenderse de ataques o cuestionamientos de la prensa, sea o no cierto lo que haya publicado. Defenderse es un derecho de toda persona y los medios no siempre tienen la razón. Lo que se publica no es dogma de fe ni verdad absoluta. El Presidente está en su derecho de defenderse y mientras no coarte la libertad de los medios, no hay nada fuera de orden; ruido, sólo ruido de actores en constante confrontación. Nada nuevo en política, nada nuevo en el mundo.

Cien días de gobierno son pocos para calificar al presidente. Como ciudadano me cuesta mucho su simplismo y abstracción respecto de los problemas de México. Pero no lo vamos a cambiar. Así es y así fue electo. ¿Estamos donde estamos gracias a tantos años de políticos inteligentes y saturados de datos pero ayunos de resultados? Espero que sepa aprovechar el respaldo ciudadano para que los técnicos de su gobierno, los que sí saben y entienden, hagan mucho de bien, tengan capacidad y sencillez para explicar las cosas al Presidente y si éste los regaña por no entender, que tengan valentía y firmeza para permanecer fieles a sus conocimientos y experiencia, que sean intelectualmente honestos, pues.

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