La banda de rock británica será el plato fuerte del evento en Polonia. Archivo
'Sentía que estaba mal estar ahí con un vestido que costaba más que lo que alguna gente verá en toda su vida’, cuenta la actriz sobre el galardón que ganó en el año 2013

MADRID.- Todos los actores sueñan con la felicidad de dar el discurso de agradecimiento tras ganar un Oscar. Incuso lo ensayan los que no se dedican a la interpretación. Pero esa emoción no la sintió Anne Hathaway cuando subió a recoger su estatuilla como mejor actriz de reparto por su papel en “Los Miserables”. 

“Me sentí muy incómoda. Más o menos perdí la cabeza haciendo esa película, y no la había recuperado todavía. Me tuve que poner frente a mucha gente y sentir algo que no sentía, felicidad sin complicaciones. Es algo obvio, ganas un Oscar y se supone que tienes que estar feliz, yo no me sentía de esa manera”, confesó la actriz en entrevista a The Guardian.

“Sentía que estaba mal estar ahí con un vestido que costaba más que lo que alguna gente verá en toda su vida, y ganar un Oscar por interpretar el dolor que sentía que formaba parte de nuestra experiencia colectiva como seres humanos”, continúa la intérprete sobre el papel de Fantine, una niña huérfana que acaba siendo una prostituta maltratada, para el que se tuvo que cortar el pelo y perder peso. Trabajo que la dejó exhausta, como comentó durante la promoción de la película.

Hathaway escogió para la alfombra roja de los Oscar de 2013 un vestido de color rosa de Prada, que la colocó en la lista de las peor vestidas de la velada, y un collar valorado en 10 millones de dólares. Un cambio que hizo a última hora, ya que se había comprometido a llevar un traje de su amigo Valentino que al final no se puso al saber que era prácticamente igual al de su compañera de profesión Amanda Seyfried.

Estar entre las quinielas para llevarse el premio y ser el centro de atención desde que puso el pie en la alfombra roja para ella parece que no fue plato de buen gusto. “Intenté simular que era feliz y me metieron mucha caña por ello. Esa es la verdad y lo que pasó. Es un asco. Pero lo que aprendes de esto es que tú sientes que te vas a morir de la vergüenza, pero no te mueres de verdad”.

Poco dada a dar detalles sobre su vida personal ya sea en entrevistas o en su cuenta de Instagram (donde tiene 6,3 millones de seguidores), en el encuentro con el periódico británico Hathaway, de 33 años, se anima a hablar de su maternidad y de cuál habría sido su camino si no hubiese sido actriz. Sobre su reciente maternidad, tuvo a su primer hijo – Jonathan- el pasado mes de marzo, comenta que no ha tenido tiempo de ver sus últimas películas “porque alimentar a un niño de mi cuerpo me toma todo mi tiempo”. “Sería una borracha profesional. O quizá una inspiradora líder social. Una cosa o la otra”, dice sobre su plan b.