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Una de las becas de fomento a la creación literaria más importantes del país servirá ahora para impulsar la carrera de este creador originario de Ciudad Acuña, Coahuila

Por casi 15 años Antonio Toledo persiguió, entre pasos firmes y titubeos, como cualquier principiante, una carrera como escritor. Su viaje lo llevó de Acuña a Saltillo a la Ciudad de México pero este 2020 su constancia fue recompensada al recibir la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM) en narrativa.

El apoyo, uno de los más importantes en el fomento a la creación literaria del país, permitirá a este autor coahuilense continuar en este camino como escritor que apenas está empezando.

En entrevista con VANGUARDIA a través de Zoom, desde su ciudad natal, Acuña, el creador nos contó su historia en el mundo de las letras y qué significa para él haber recibido este apoyo.

“La primera vez que leí Cien Años de Soledad, me acuerdo que fue un 25 de junio, tenía 14 años, y yo lo leí y dije, yo quiero hacer esto. No sabía a qué me estaba refiriendo cuando dije que quería hacer algo como Cien Años de Soledad, pero era esta magia que contagia el libro, la historia, todo el árbol genealógico, todo esto que pasa”, recordó Toledo.

“Mis padres, que siempre me han apoyado, no sé porqué les pareció buena idea lo que les propuse. Les dije, yo quiero escribir, y me dijo mi mamá, adelante. Yo estaba en la secundaria y le dije que quiero dedicarme de tiempo completo a esto. Era un adolescente de 14 años que dejó la secundaria, la terminó hasta los 20 y todo ese tiempo yo quería dedicarme a leer, sobre todo, antes que escribir”, agregó.

Toledo contó que solo empezó a escribir formalmente hasta hace un año “porque no sabía cómo escribir un cuento, porque nunca había recibido un taller, lo único que tenía a mi favor eran las lecturas”.

 

Recordó que llegó a Saltillo alrededor de los 19 años, con la intención de acudir como oyente a las clases de la ahora extinta Escuela de Letras de la Universidad Autónoma de Coahuila. No se lo permitieron y, sin siquiera haber terminado la secundaria, no tenía manera de inscribirse.

“De ahí parto a la Ciudad de México, estudio cine, no terminé. Hice algo de cine, cosa que no me gusta para nada, pero aprendí mucho como esta narrativa audiovisual, conocí mucha gente apasionada por el arte pero no era lo que yo quería”, continuó.

Entonces, regresó a Saltillo y en enero del 2018 se enteró del Colectivo de Escritores Jorge Ibargüengoitia, organizado por el Instituto Municipal de Cultura y encabezado por el escritor Jesús de León, a quien considera su maestro.

“Había conocido a tal persona y a tal persona pero no había estado en un taller en forma”, expresó, ”he tenido el gusto de conocer a grandes escritores, me han apoyado, me han dado grandes consejos, pero el primero que me abrió los ojos a esto fue Chuy de León cuando destrozó mi primer cuento”.

“Yo trataba de escribir algo y me decían, ah, qué bonito y esas cosas, pero nadie había sido tan auténtico, tan preciso. Yo no sabía ni siquiera que un gerundio era mal visto o un adverbio terminado en mente o una oración demasiado larga”, agregó, “estuve poco tiempo en el taller de Chuy pero la calidad de su enseñanza valió la pena más allá de la cantidad de tiempo”.

Tras de años de no escribir, a la espera de la “inspiración”, en la que ahora, asegura, ya no cree, pues “me di cuenta que sentarte ante la hoja en blanco es el mejor de los ejercicios”, empezó a ser más activo en la búsqueda de la maduración de su pluma, por lo que invitó a amigos a su departamento, donde semana a semana, un grupo cada vez más numeroso, se reunió a discutir textos, tanto de Toledo como de otros de los presentes, hasta la madrugada.

“Ahí nace un taller que llamamos las Florecitas Desterradas, sin yo estar consciente de que estaba gestando este taller, era solo por mi necesidad de que alguien me leyera, de leer a alguien y de aprender sobre todo”, recordó, “de repente había en el departamento había hasta 30 personas, terminábamos hasta la madrugada, nos tardábamos hasta 3 horas en un solo texto. Pero era algo muy chido porque era horizontal totalmente. Pero sobre todo hicimos amigos”.

En 2019 se fue a la Sociedad General de Escritores de México y de ahí a Oaxaca a montar una obra de teatro, regresó a la SOGEM y aunque la pandemia llegó no paró de escribir. Entonces conoció a una amiga, poeta. Ella fue quien lo motivó a presentar su libro de cuentos “Los espejos del aire”, basado en un guión para cine que escribió hace años, a la FLM.

“Eso era algo que yo veía lejano, algo que no me pasa a mí”, comentó, “ella fue quien imprimió, engargoló, lo llevó personalmente a la fundación, yo lo hice como quien arroja una botella al mar, pero ella estaba más preocupada que yo”.

Sin las ambiciones de ganar la convocatoria le llegó el correo avisándole que tendría una entrevista; había pasado a la fase dos. Para Toledo esto ya era una victoria pero la noticia mejoró cuando la semana pasada le avisaron que había seleccionado, uno de 4 cuatro becas en narrativa.

“Yo me estaba preparando, aunque no sabía que era para este momento”, expresó, “después de 15 años, sin saberlo. La beca de la fundación, estar bajo el cobijo de una de las becas más importantes  del país en este rubro me hace saber que mi trabajo puede ocasionar un rasguño en el ámbito”.

“Yo confío en mi trabajo, pero siempre hay esta duda, este síndrome del impostor”, concluyó, “yo no tenía fe de que la fuera a ganar y a pesar de eso seguía trabajando. Ahorita estoy trabajando en la corrección de mi primera novela, tengo un libro de cuentos ya escrito, estoy trabajando en otro, he escrito teatro, yo he estado trabajando, escribiendo, sin pensar que me la iba a ganar y sigo en eso”.