​Escribía don Miguel de Unamuno, el ilustre académico español, que “el progreso consiste en renovarse”. Y traigo su frase inolvidable porque es precisamente lo que hoy día se necesita, con carácter de urgente, renovar la relación de los legisladores con la ciudadanía. Y renovarla significa que desde el Congreso deben ofrecerse espacios de participación para mujeres y hombres, sin importar edad ni condición socioeconómica. En la medida en que esto ocurra se estará fortaleciendo la pluralidad de la sociedad y sin duda que la ciudadanía se sentirá representada auténticamente, dejará de ser un concepto hueco la llamada representación que ostentan los señores diputados –de la población– y los senadores –de sus respectivas entidades federativas.

Es tiempo de romper paradigmas y provocar en serio esa vinculación que debe convertirse en insoslayable institucionalmente hablando. Tener una plataforma digital abierta, alimentada en el día a día, en la que los legisladores estén informando a sus representados de sus labores constitucionales –presentación de Iniciativas de ley, estatus de las presentadas, discusiones en Comisiones de Proyectos de ley y las que vayan a ventilarse ya en el pleno para votación, criterios que sustentan y que determinan que una Iniciativa se convierta en ley o que no pase, ley de ingresos, destino de esos ingresos que conformarán el Presupuesto de egresos, revisión de la cuenta pública, es decir, si se fueron a donde se aprobó que iban a destinarse o a dónde fueron a parar; santo y seña de nombramientos de funcionarios o integrantes de organismos como el INE, etcétera– y abriendo la puerta para que a través de la misma vía la ciudadanía pregunte, se informe, opine, proponga. Sí, proponga. Lo digo con conocimiento de causa, el grueso de las iniciativas que presenté siendo legisladora, primero local y luego federal, vinieron de la ciudadanía, sólo les di el formato, las fundé y motivé, pero su origen fue la sociedad civil, esa que dicen que no se ve, pero que existe, y es a la que se le debe la estancia en el Congreso y de cuyo bolsillo sale la paga.

La dinámica de diálogo permanente, la vinculación que debe evolucionar para que los legisladores se relacionen con organizaciones sociales en la elaboración de leyes y reformas constitucionales es asunto sustantivo, tristemente vemos como hoy Morena está sepultándola porque su mayoría constitucional está utilizándola para imponer la visión del Jefe de Estado, haciendo caso omiso de los intereses de México. Hoy más que nunca deben procurarse las condiciones que hacen posible a nuestra democracia. Hay una responsabilidad compartida al fortalecer y preservar las instituciones sobre las que ésta descansa. Ante esta nueva conformación del poder político en México, quienes representan mayorías, tienen este deber y Morena debería entenderlo porque vivió en carne propia el ninguneo priista a los partidos minoritarios, supo el que se les deparaba a las organizaciones de la sociedad civil y a los ciudadanos en lo individual. Y sabe la repulsa que esto conlleva. No basta con la política de austeridad impuesta por Morena en el Congreso de la Unión para recuperar la imagen tan denostada de los legisladores federales, ubicados en el último escalón del reconocimiento de los mexicanos. Se trata de construir una nueva convivencia política, una civilidad que se refleje en el trato respetuoso del Poder Legislativo entre sus propios integrantes, para empezar. Carecen de sentido las vendettas de “hoy me voy a cobrar lo que me hacías y te voy a someter a lo mismo que me diste”.

Los diputados y los senadores de la LXIV Legislatura deben esmerarse en crear soluciones eficientes a los problemas económicos que enfrenta el País, recrudecidos como nunca antes por la pandemia el COVID-19, al alza de la inflación que se viene, a la disminución real de crecimiento económico, entre otros. Del cumplimiento de esta responsabilidad dependerá en gran medida la recuperación de la confianza de los ciudadanos en el Poder Legislativo. De modo que a dejar atrás las inquinas personales, intereses particulares y/o de partido, y a pensar y actuar en grande, a centrarse en la solventación de las prioridades nacionales, será la pauta inequívoca de que sí están comprometidos con sus representados. Los mexicanos aspiramos a tener un Poder Legislativo que nos represente con dignidad, capaz de cumplir a cabalidad con sus encomiendas constitucionales en un país con hambre de leyes en las que se privilegien la justicia, la eficiencia y la eficacia.

Esther Quintana Salinas

Columna: Dómina

Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.