Uno de los deportes favoritos de la clase política mexicana, desde que la tecnología de videograbación se convirtió en un instrumento al alcance de cualquiera, es lanzarse misiles, en forma de video escándalos, que convierten los señalamientos de corrupción en auténtica competencia… para ver quién es más corrupto.

Ayer tocó el turno al mismísimo hermano del presidente Andrés Manuel López Obrador -de paradójico nombre, dadas las circunstancias: Pío- a quien el periodista Carlos Loret de Mola mostró, en dos videos, presuntamente recibiendo dinero en efectivo de David León, convertido hoy en emblemático funcionario de la autodenominada “4T”.

Con la publicación de tales videos, que claramente alguien interesado hizo llegar al periodista del portal LatinUs, pareciera declararse una guerra entre bandos políticos que, por lo menos, pretendería mostrar que del otro lado del campo de batalla también poseen “artillería pesada”.

El corolario no podría ser más funesto para los intereses colectivos: dado que nadie parece estar a salvo de la podredumbre de la corrupción, pareciera que, como siempre, los ciudadanos nos veremos obligados a escoger a “los menos corruptos”, a los “menos indecentes”.

¿Alguien podría creer hoy que David León tuvo una actuación diferente a la de Emilio Lozoya quien, en su momento, se “ganó” el nombramiento otorgado realizando las mismas actividades?"

Triste realidad de la política nacional si bien, como se ha dicho en múltiples ocasiones, poco puede sorprender constatar que, al final del día, nadie se salva de la quema.

Y aunque uno de los implicados en el nuevo video escándalo, David León, salió ayer mismo a tratar de “aclarar” el asunto, afirmando que las imágenes no se habrían grabado durante la campaña electoral de 2018, sino que “debe tener aprox. 5 años de antigüedad”, lo que se muestra claramente lo descalifica para el cargo que recién se le otorgó: fungir como “zar anticorrupción” en la compra de medicamentos para el sector público.

De nada vale su otra aclaración: que entre noviembre de 2013 y noviembre de 2018 se haya desempeñado como “consultor” y no como servidor público y que su “manera de apoyar al Movimiento (Morena, se entiende)” hubiera sido “recolectar recursos entre conocidos para la realización de asambleas y otras actividades”.

Las imágenes constituyen, a no dudarlo, un duro golpe contra la credibilidad del actual Gobierno de la República, no solamente porque involucran al hermano del Presidente, sino porque parecieran dejar claro que los cargos de alta responsabilidad se otorgan actualmente a partir de las mismas fórmulas utilizadas en el pasado reciente.

¿Alguien podría creer hoy que David León tuvo una actuación diferente -guardadas las proporciones- a la de Emilio Lozoya quien, en su momento, se “ganó” el nombramiento otorgado realizando exactamente las mismas actividades, es decir, realizando “colectas” para inyectar dinero ilícito en las campañas y/o el partido de quien hoy despacha en Palacio Nacional?

Habrá que ver cómo evoluciona la guerra de video escándalos pero, a juzgar por lo ocurrido hasta el momento, el marcador va muy parejo.