Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

Durante la colonización del Nuevo Mundo, España exprimió la agricultura y la ganadería de sus colonias, pero también explotó la inacabable riqueza que las minas ocultaban bajo el suelo.

Flotas formadas por decenas de carabelas cargadas de oro, plata, especies, cacao y tomate navegaban por el Atlántico sin descanso, a menos que las tormentas o los piratas las obligarán.

Era tan inconmensurable la fortuna de la Nueva España, que quien quizá llegó a ser el hombre más rico del mundo en el siglo 17 era un “mexicano” –precursor colonial de Carlos Slim–, Antonio de Obregón y Alcocer, que amasó su riqueza extrayendo plata en Guanajuato de la mina La Valenciana, la mayor productora de la época.

Como para dejar en claro que la historia es cíclica, en este todavía joven siglo 21, inversionistas de todos los continentes buscan seguir arrancando el trabajo de los mexicanos y atesorando los recursos naturales del País.

Ya no son, por supuesto, escuadras de carabelas las que transportan la riqueza nacional. Hoy se crean fortunas financiando a personas y empresas. O al menos eso dictaba la teoría del capitalismo.

Actualmente, los banqueros hacen negocios más rentables por recaudar elevadas comisiones por los servicios que dan, que por otorgar préstamos y cobrar intereses.

Esa era la justificación de Morena para prohibir a bancos la aplicación de comisiones por retiros en cajeros automáticos o anualidades, y que se califican de alarmantes y abusos excesivos.

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), informó que sólo en 2017 los ingresos del sector por concepto de comisiones, fue de 108 mil millones de pesos, ocho por ciento más que en 2016.

No sin razón, millones de mexicanos sienten que en su relación con los bancos es importante proteger la economía familiar, así como las pequeñas y medianas empresas que, en un entorno de voracidad financiera recuperaron, de las 85 mil denuncias por cobro improcedente de comisiones, los bancos sólo devolvieron el 13 por ciento del importe reclamado.

Ejemplos paradigmáticos de este colonialismo financiero son Santander, institución crediticia que en España aplica una comisión del 20 por ciento, cuando aquí cobra a los mexicanos 39 por ciento. También como en la época virreinal, BBVA Bancomer aplica comisiones de 19 por ciento en su sede de la “Madre Patria”, mientras en México es de 36 por ciento.

Bancos de otros países no se quedan muy atrás: el inglés HSBC cobra comisiones de 25 por ciento, en tanto sus clientes mexicanos pagan 33 por ciento; Citibanamex en Estados Unidos, 18 por ciento y en México 33; finalmente de Canadá Scotiabank, 14 por ciento contra 19 por ciento en México.

Pero la sola presentación en el Senado de una iniciativa de Morena para reducir las comisiones causó el desplome de la BMV y el valor de capitalización de los bancos que allí cotizan. Ni la suspensión del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México sacudió de manera tan brutal la economía nacional.

Habrá que ver si en este juego de vencidas, los miembros del lópezobradorismo que viene mantienen firmes sus radicales propuestas en este y otros temas, o únicamente están midiéndole el agua a los camotes, para iniciar su gobierno el 1 de diciembre próximo sobre terrenos ya explorados.