ilustración: Esmirna Barrera
El fallido operativo para capturar al hijo de ‘El Chapo’, más que curar al Presidente López Obrador, sigue creciendo sin parar

A contra corriente de las enseñanzas del pueblo sabio y bueno, el doloroso operativo en Culiacán no cede al paso del tiempo, más bien parece una herida que no se alivia al paso de los días. Peor aún, las hojas del calendario pasan y pasan, y la capital de Sinaloa es una marca que enferma más y más al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El regaño que AMLO enderezó a la prensa la semana pasada, criticando que no destaca lo que según él “es lo importante”, fue la respuesta presidencial a la presentación de una cronología del “culiacanazo”.

El tabasqueño tronó porque su gabinete de seguridad presentó información desconocida hasta entonces sobre el operativo que la Guardiana Nacional y elementos del Ejército Mexicano, ejecutaron sin el éxito esperado.

Pero sucedió que la explicación de los funcionarios sobre el enfrentamiento de las Fuerzas de seguridad contra miembros del Cártel de Sinaloa, provocó nuevas dudas y López Obrador dijo que los cuestionamientos de los periodistas no eran tan importantes como el mensaje que quería difundir su administración, que el modelo de combate al crimen organizado era distinto al aplicado por sus antecesores y que en Sinaloa se salvaron vidas por sobre la tentación de capturar a un capo del narcotráfico, Ovidio, el hijo del Chapo Guzmán.

En esencia, el Presidente reiteró sus discursos de campaña en materia de seguridad pública y el enojo que siente contra los medios de comunicación que no aplauden gratuitamente sus acciones. No obstante, el tono del discurso y la dureza de sus palabras expresan un grado de enojo y desesperación como no se había visto antes de la batalla de Culiacán.

Pero los males no llegan solos. En intento desesperado por aparecer como el Jefe de Estado y de Gobierno que es, AMLO instruyó al General Secretario de la Defensa Nacional a que dijera el nombre del militar responsable del operativo sinaloense. Y el titular de Sedena obedeció a su Comandante Supremo, aunque titubeó.

Revelar la identidad del jefe de Inteligencia Militar arriesga más de lo necesario la seguridad -incluyendo la vida misma- del especialista y su familia. No sería este el primer caso en México, pero no se puede actuar con tal ligereza cuando las vidas de nuestras fuerzas del orden están en riesgo.