El gobierno mexicano tendría que plantearse esquemas de colaboración internacional que vuelvan menos porosa la frontera y ayude también, de este lado, a reducir las consecuencias indeseables de ser vecinos asimétricos de EU

La existencia de una línea divisoria entre naciones -especialmente si ésta se encuentra en medio de dos naciones asimétricas- implica necesariamente el surgimiento de un mercado ilegal que trasiega personas o cosas de un lado a otro y que las autoridades deben contener.

Eso pasa en la frontera entre México y Estados Unidos, dos naciones que el escritor Alan Riding ha caracterizado como “vecinos distantes” para enfatizar el hecho de que, a pesar de compartir una frontera común que discurre a lo largo de miles de kilómetros, nos parecemos poco.

La asimetría mexico-estadounidense tiene múltiples manifestaciones. Una de ellas tiene que ver con el hecho de que la frontera común constituye un terreno de permanente disputa, un lugar donde la tensión es la realidad cotidiana.

Y es que a los gobiernos de ambos lados les preocupa la “porosidad” de la frontera, aunque ésta se registre por muy diferentes motivos. A nuestros vecinos del norte les preocupa el tráfico de personas indocumentadas y drogas, fundamentalmente; a nosotros el de armas y vehículos.

Contener el trasiego de mercancías ilegales y la inmigración indocumentada es responsabilidad de las autoridades de cada país, desde luego, pero también se trata de asuntos en los cuales puede darse la colaboración para mejorar los resultados.

En el caso de la inmigración ilegal el gobierno mexicano ya colabora -y de manera muy eficaz- con el de los Estados Unidos. Valdría la pena que los resultados de esta colaboración sirvieran de ejemplo para desarrollar mecanismos que permitan avanzar en otros rubros.

El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo a las declaraciones del secretario de Gobierno de Coahuila, José María Fraustro Siller, quien ha advertido sobre la necesidad de establecer medidas que ayuden a contener el tráfico ilegal de armas y vehículos desde los Estados Unidos.

“Son dos problemas que afectan mucho en el tema de seguridad… el armamento que ingresa al País por las fronteras del norte y luego se distribuye al resto de las entidades federativas… (y) la importación ilegal de vehículos (que) genera un impacto negativo, sobre todo a Coahuila por su fuerte vocación industrial, que está ligada al sector automotriz”, dijo el funcionario.

Como ya se ha comentado en otras ocasiones, la responsabilidad de contener el flujo de mercancías ilegales al país es del Gobierno de la República y si el trasiego de armas y autos se sigue dando es porque alguien no está cumpliendo con su función.

Señalar el problema, sin embargo, es insuficiente para que se resuelva y por ello los gobiernos de las entidades limítrofes del país harían bien en proponer esquemas que ayuden a reforzar la seguridad fronteriza y contener el tráfico ilegal.

Adicionalmente, el gobierno mexicano tendría que plantearse esquemas de colaboración internacional que vuelvan menos porosa la frontera y ayude también, de este lado, a reducir las consecuencias indeseables de ser vecinos asimétricos de los Estados Unidos.