Como siempre y como va siendo muletilla en este escritor y periodista, lo repito: lo inmediato, lo efímero le gana no pocas veces el espacio en mis letras, a lo profundo. A lo de gran calado. Nuevamente es este texto atrasado. Tan atrasado que lo tenía listo hace años. Pero el valor reside en lo que representa y es lo siguiente: es una estampa y un recuerdo en memoria y homenaje del maestro José Luis Martínez (1918-2007). Y si usted lo recuerda, el gran maestro vino a Saltillo un par de ocasiones cuando el Instituto Estatal de Bellas Artes era dirigido por la mano sabia de Javier Villarreal Lozano. Eran mejores tiempos a estos, sin duda.

Ahora lo voy a decir en orden: corría el último año de la década de los ochenta. Un año emblemático para la literatura local y nacional: 1989, año en el cual se celebraba el centenario de nacimiento de un saltillense ejemplar: Julio Torri. Año de celebraciones. En el ya desaparecido IEBA dirigido por Javier Villarreal, éste homenajeó al autor de “El Ladrón de ataúdes”, trayendo a los más encumbrados exponentes de la literatura nacional: Beatriz Espejo, Fernando Curiel, Carlos Monsiváis, Emanuel Carballo... José Luis Martínez. Puros ases ayer, hoy y de siempre. Quien esto escribe realizaba por aquellos años sus pinitos en todos los géneros literarios posibles. Lo mismo practicaba la reseña literaria, la escritura de versos, el reportaje y la entrevista, el cuento y el guion radiofónico. En una comida, en la cual busqué con afán un tiempo libre con el maestro Martínez, éste, luego de escuchar mis versos con paciencia franciscana en la vecina villa de Arteaga, me espetó: “Si, muy bien algunos de ellos. Habrá de reescribir otros ¿Y cuando los publica?”

A los 89 años (un 22 de marzo de 2007) murió uno de los intelectuales más completos en México, el cual poseía una biblioteca de la cual el último cálculo era un inventario de 50 mil volúmenes. Los visitantes y amigos los cuales tuvieron la fortuna de conocerla, le preguntaban al maestro Martínez, quien fue Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, “¿Los ha leído todos?”, a lo cual y apenas sin inmutarse, el maestro respondía: “la mayoría”. El maestro José Luis Martínez fue historiador, diplomático, ensayista, bibliófilo y cronista. El maestro Martínez nació en Atoyac, Jalisco en 1918. Esta ciudad, pueblo, está cerca, muy cerca de Ciudad Guzmán y creo usted señor lector, ya cuadró el puzle correctamente: parte de la escuela primaria, Martínez fue compañero de un demonio, un escorpión de las letras mexicanas, el maestro Juan José Arreola. En vida, recibió todo tipo de reconocimientos, entre ellos y por la Academia Mexicana de la Lengua: Director honorario perpetuo de la institución.

ESQUINA-BAJAN

De obra prolífica y anclada en el conocimiento enciclopédico el cual poseía y jamás presumía, el maestro Martínez tiene tres libros los cuales me siguen pareciendo absolutamente imprescindibles para entender la literatura y la historia en México: dos tomos de “El ensayo mexicano moderno”, “Problemas literarios” y esa obra inconmensurable la cual el maestro vino a presentar a Saltillo: “Hernán Cortés”. La obra salió a la luz pública en 1990 e inmediatamente, se convirtió en referente internacional de una gran biografía. A ambos lados del atlántico, no pocos historiadores y especialistas definieron esta obra como, “la historia definitiva” sobre el conquistador Hernán Cortés. De este tamaño y carácter es esta obra.

Insisto, su labor no fue sólo mexicana, sino hispanoamericana. La aparición de su biografía sobre Hernán Cortés, supuso en su momento, tanto en España como en América, uno de los signos más altos en la historia contemporánea al abordar a una figura controversial la cual siempre está en el ojo del huracán civil: héroe y villano al mismo tiempo. Y claro, ahora con el infame revisionismo de Andrés Manuel López y sus claques, el desprestigio y venganza en contra de Cortés, es brutal.

En voz del escritor y editor Adolfo Castañón, “José Luis Martínez estuvo en el centro de la república literaria y cultural del país por muchos años, ese estar era el resultado de su enamoramiento por la literatura y por quienes la practicaban, por los poetas y por quienes leían, por eso estuvo cerca de los escritores y artistas”. Para el narrador Arturo Azuela, “José Luis Martínez indudablemente representa esa gran tradición de polígrafos mexicanos que viene desde don Carlos de Sigüenza y Góngora. No fue sólo un gran ensayista, sino entregó una de las grandes contribuciones en la historia literaria de México”.

Crítico incorruptible, samurái con la pluma, en su libro injustamente olvidado, “Problemas literarios”, el maestro Martínez criticó las obras improvisadas, producto de los arrebatos místicos de la inspiración y dijo y definió muchos de los males de la literatura mexicana: estos se debían o deben, a la ingenua creencia de muchos escritores los cuales piensan del nacimiento de la gran obra, sólo de su cabeza y por lo tanto resultan innecesarios el estudio, la sistematización, corrección y estructura, y el amplio conocimiento de la mecánica del lenguaje. Cuando vino a Saltillo, el maestro Martínez apenas y andaba. Levitaba sobre la tierra y un pitillo de madera con un interminable cigarrillo no abandonaba jamás su mano. Lo recuerdo presentando su obra proteica, “Hernán Cortés”, junto con el maestro Antonio Malacara Martínez (†). Paciente, el maestro escuchó a este adolescente de aquel entonces, con sus mal medidos versos en una tarde estival en Arteaga, Coahuila. 

LETRAS MINÚSCULAS

Hoy, su recuerdo es una flor en la memoria de este escritor. Obligado releer sus páginas.