Florencia, Italia. El pasado 3 de abril murió en su casa de Roma, Italia, Giovanni Sartori, considerado internacionalmente como uno de los pensadores contemporáneos más sobresalientes de la política. Se fue en paz y con gran dignidad, consciente de que era el mejor momento de partir, dado que algunas limitaciones de motricidad ya no le permitían escribir, sin lo cual su vida literalmente dejó de tener sentido. Fue un libre pensador y consecuentemente racional hasta el último momento de su existencia.

Murió de 92 años, casi 93, de los cuales dedicó en cuerpo y alma y con mucha disciplina, la mayor parte del tiempo a reflexionar con seriedad y rigor sobre los grandes acontecimientos de la política, en donde la democracia se convirtió en su mayor preocupación intelectual y, posteriormente, en un hobby, como le gustaba decir.

De esta manera es como se acercó al estudio de los sistemas políticos. Siendo un profesor joven en la Universidad de Florencia se dio cuenta de que la palabra “democracia” era mal entendida y esta laguna era aprovechada por demagogos para mantener la confusión de un término que, según Sartori, requería de mayor precisión para ser plenamente entendida la dimensión del sistema de gobierno que mejor ha defendido las libertades.

Ya no pudo defender a la democracia representativa de la que tanto escribió, frente a los nuevos vientos que soplan en favor de la democracia directa o de asamblea que se quiere instaurar como medio de salvación ante tanta mediocridad e ignorancia de los políticos. El problema de los maquinistas no es un problema de la máquina, la incompetencia es de las personas, no de las instituciones que han posibilitado tener Gobiernos electos libre y legítimamente y que, una vez en el ejercicio del poder, actúan con base en lo que la ley permite y, en caso contrario, son objeto de responsabilidades. Así ha funcionado la democracia de los hombres modernos, la que Sartori identificó con el adjetivo “liberal”, para precisar y asegurar que no hay otras democracias. Tan sólo una y hay que protegerla para cuidar el futuro de nuestras libertades y de nuestra organización colectiva.

No obstante, en los últimos años detonó alarmas con el fin de hacer conciencia sobre riesgos para la democracia. Fue así como apareció el libro “Homo Videns”, para criticar la banalización y simplificación de la política por medio de la televisión, en donde la imagen emocional destruye al concepto racional que debe tener el ciudadano sobre diversos temas de la agenda pública, para tomar decisiones con mayor conocimiento y conciencia.

Años antes de volverse un polemista agudo, también se interesó por el funcionamiento de los partidos políticos y de los sistemas electorales. De hecho, su obra es considerada como una de las más importantes del Siglo 20, al haber creado una nueva clasificación de los partidos políticos sobre la base de las reglas de competitividad con la que participan estos grupos organizados en las elecciones. Fue así como nació y acuñó el término “partido hegemónico” para referirse al PRI de los años 70, un sistema que identificó como autoritario, sin competitividad electoral, pero que nunca fue una dictadura.

Fue un gran amigo de México, país al que visitó múltiples veces, por el que sentía afecto y en el que fincó grandes esperanzas, incluso con cierto optimismo de que algún día alcanzaría mejores niveles de bienestar y desarrollo, cuando lograra consolidar su tránsito a la democracia.

Tuve la oportunidad de ser alumno del doctor Sartori a inicios de los años 90. Como profesor era implacable, demandante, riguroso, exigente, amable, con gran sentido del humor y no muy tolerante ante las posibles omisiones o imprecisiones de los alumnos, pero, sobre todo, tenía una gran vocación por la enseñanza. Sin duda, es de las personas que te marcan para bien en la vida. Lo voy a extrañar, especialmente las conversaciones informales en donde recibí las mejores lecciones para entender el sentido del deber, la honestidad, el trabajo duro y también el de la amistad sincera. Ciao, caro professore.