La rendición de cuentas y resultados que los gobiernos deben realizar para la ciudadanía, es una necesidad imperante y vital en cualquier democracia.

Sin embargo, a la par, la participación de los ciudadanos en la vida pública resulta de la misma trascendencia.

El comentario viene a cuento por el reporte periodístico que se publica en la edición de hoy, respecto al Reglamento de Limpieza en Saltillo.

La poca participación de ciudadanos y gobierno en conjunto puede llevar a no tener la mejor convivencia armoniosa que es ideal en cualquier sociedad.

Que la ciudadanía quede a deber en una tarea tan básica, pero necesaria, como es mantener la ciudad en buen estado, puede ser un botón de muestra -y una llamada de alerta- sobre la necesidad de reforzar los valores cívicos en nuestra comunidad.

La falta de atención en la limpieza de predios baldíos, o en la vía pública, frente a comercios y negocios de la ciudad, debería ser un tema que en automático tendría que atenderse por parte de el gobierno y la sociedad.

Aunque la ley abarca castigos y reprimendas pecuniarias en contra de infractores, los valores cívicos de una sociedad deberían ser el motor para cumplir esta reglamentación.

Pese a ello, cualquier nivel de gobierno debería alentar a la ciudadanía con campañas de concientización para cumplir con las normas de convivencia vigentes.

En este tema no hay villanos ni héroes, sólo la falta de atención de todas las partes en aras de un mejor lugar donde conviva la sociedad.

Y es que los deberes cívicos en una sociedad que aspira a ser democrática, no concluyen al acudir a las urnas y posteriormente exigir a los gobernantes que den resultados en beneficio del presente y el porvenir de todos. No. El deber ciudadano es un ejercicio diario, tan elemental como mantener limpio nuestro hogar común: la ciudad que habitamos.

Ojalá que todos lo cumplamos.