En la época de la globalización, una variable resulta crucial para determinar si los ciudadanos de una determinada demarcación deben o no ser optimistas respecto del futuro: la competitividad.

Y la competitividad de una región se mide, fundamentalmente, por la capacidad que tiene para generar confianza, circunstancia que se traduce en la posibilidad de convencer, a quienes tienen la capacidad de invertir, de escoger a dicha región entre las muchas opciones que tienen a la mano.

El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al buen desempeño que ha tenido Coahuila, durante 2018, en materia de atracción de inversión extranjera directa, rubro en el cual se ubica este año en el tercer lugar nacional, sólo por debajo de la Ciudad de México y el vecino estado de Nuevo León.

Un dato adicional que merece destacarse: el actual es el año de mejor desempeño local en materia de atracción de inversiones, al haberse logrado que un total de 2 mil 450.5 millones de dólares lleguen a la entidad para financiar proyectos de largo plazo.

La inversión extranjera directa (IED) constituye uno de los indicadores relevantes de la economía, justamente por el hecho de que se trata de inversiones de largo plazo que implican la creación de empresas agrícolas, industriales o de servicios.

Tal hecho se traduce en mucho más que derrama económica transitoria, pues genera empleos de carácter permanente y, ulteriormente, eso significa que las bases sobre las cuales descansa la creación de riqueza para un país se vuelven mucho más sólidas.

Estamos pues, ante una buena noticia para nuestra entidad que merece destacarse porque ofrece un panorama alentador para el futuro inmediato, no solamente porque se trata del establecimiento de nuevas empresas -o de la expansión de las ya instaladas- sino porque tal hecho contribuye a la consolidación de la confianza de los inversionistas.

En otras palabras, el que la IED crezca en Coahuila implica la traducción material de la conseja popular según la cual “dinero llama dinero”. Y es que las nuevas inversiones logradas para la entidad se convierten a sí mismas en un nuevo argumento para atraer a más inversionistas.

Más allá de celebrar el hecho, habrá que advertir sobre la necesidad de tener claras las ventajas competitivas que han llevado a la entidad a tener este desempeño sobresaliente, a fin de que las mismas sean reforzadas y ello permita mantener la buena racha.

Porque si 2018 ha sido un año particularmente bueno en materia de tracción de inversiones, lo deseable es que el indicador se mantenga durante 2019 y durante los años siguientes.

En este sentido, además de congratularnos por los buenos números, es necesario perseverar en lo que se hizo bien a lo largo del año que está por terminar y proponerse superar, de manera consistente, la nueva barrera que se ha colocado en este rubro.