La democracia es como el amor, no se puede comprar, no se puede imponer, no se puede imitar; solamente se puede construir  (J.B. Toro). ¿Qué te dice la frase? Evidentemente, puedes responder desde tu experiencia particular, sin embargo coincidiremos en que el amor es un sentimiento profundo que lo único que busca es hacerle el bien al otro. Si se compra, ya no es amor, es prostitución. Si se impone es violentar e ir contra la voluntad de quien se pretende amar. Si se imita, es copia; es decir, no hay originalidad y en ese sentido se pierde la esencia. Finalmente, solo se puede construir en lo cotidiano. Se comienza por el gusto y el flashazo inicial y se termina con el compromiso que se renueva de diario con las obras, la fidelidad, la lealtad, la constancia y la perseverancia.

La democracia, si se compra se prostituye. La compra tiene muchos rostros y en eso los partidos, se han vuelto especialistas. No es exclusivo de uno, sino de algunos. Se hace a través de programas de apoyo en distintas áreas utilizando los medios al alcance. Se hace lucrando con la pobreza y las necesidades básicas de nuestra gente. 

Si se impone, hablamos de sistemas autoritarios que están muy lejos del principio de soberanía popular. Se impone por la fuerza, por la intimidación, por el terror, por las amenazas y particularmente por el status quo del que se goza.

Si se imita, se imita por el techo más alto que nos pudiéramos encontrar. No se imita por el tema de las ganancias, el interés o el poder por el poder mismo, porque entonces a todas luces sería una burda imitación. Se imita lo deseable, el deber ser, lo que ha conectado con el desarrollo de la sociedad en general y por supuesto, la construcción del bien común. En ese sentido hay sociedades democráticas dignas de imitar.

Finalmente “la democracia solo se puede construir”, porque como toda construcción tiene un proceso y un tiempo. Se construye de diario con acciones democráticas en nuestras relaciones, en la colonia y en las calles por donde vamos, en la escuela y en las iglesias, en los centros comerciales y en los bancos; en fin, nuestra realidad debe de estar encuadrada en formas de ser que evidencien el respeto, la tolerancia, el dialogo, la participación, la pluralidad de ideas. Se construye todos los días y los 12 meses del año y no ésta supeditada solo para el domingo determinado para la elección. Ese ha sido nuestro error, la democracia no se puede dar solo en tiempo de elecciones. 

¿A la luz de lo que ha ocurrido en este momento, nos guste o no, estaremos dispuestos a seguir siendo democráticos solo 5 minutos cada seis años? Porque la votación que hicimos en la casilla, no fue más allá de 5 minutos. La democracia se construye todos los días.

Muy gratificante ver la marcha a la que convocaron los partidos que se vieron golpeados por la decisión final del Instituto responsable de administrar la elección en el Estado. Pero hubiera sido más gratificante ver líderes sociales, académicos, o de medios que hubieran estado al frente en el templete pidiendo justicia y denunciando las irregularidades. Así es como se construye la democracia. ¿Qué irá a pasar después de la marcha del 6 de junio? Insisto, la democracia no se reduce a las elecciones. No son solo los partidos los que construyen la democracia, eso es una parte muy mínima. La democracia la construimos todos, porque a todos nos afectan las decisiones que los políticos toman.

¿Volveremos a cometer el mismo error de dejarnos poseer por el espíritu de la democracia solo en tiempo de elecciones? ¿Seguiremos siendo comparsa de partidos que solamente se dejan ver cuando solicitan nuestro voto? 

Es el sueño de la democracia y la consolidación de la misma contra los intereses y el poder que los partidos sistemáticamente buscan. Será imperdonable que sigamos ajenos a la dinámica social y nos interesemos por ésta solo cada 6 años. Hoy los ánimos se subieron al máximo y eso ésta muy bien. Lo que no ésta bien es que nos hubiéramos desentendido de la falta de seguimiento a la deuda de Coahuila, al tema del FICREA, al dinero incautado en los Estados Unidos y que ha generado un tremendo vació al erario público del estado, a empresarios de medios coludidos con el gobierno, a la falta de un transporte digno, a la necesidad de escuelas de calidad, a los dispendios y excesos de las mismas campañas, a la complicidad de instituciones con respecto a los partidos en tiempos electorales, a la falta de empleos de calidad. 

Si queremos vivir éstos próximos seis años en clave de democracia empecemos a construirla. No dejemos que el gobierno en turno se vaya por la libre y hagámosle marcaje constante y personal. Para que la democracia deje de ser una utopía, dice Roberto Dahl, se requiere de la participación efectiva de todos. Ya se demostró en la marcha, una buena parte de la comunidad salió a reclamar lo que considera que se apartaba de la lógica electoral. Efectiva, significa trascender a la carne asada o a las reuniones de café. Es la toma de las calles o de la plaza pública para controlar la agenda de quien gobierna. Se trata por lo tanto de considerarnos políticamente iguales. No son los políticos profesionales los responsables de la marcha de la sociedad, somos todos, porque somos políticamente iguales.

Si antes de hoy no estabas interesado en el tema político, ojalá que lo ocurrido te haga tener una comprensión informada de lo que acontece de diario. Se requiere de un pueblo informado porque solamente así podremos identificar las falsas promesas y en muchas ocasiones las opiniones y comentarios de medios que se venden al mejor postor.

No sigas diciendo que la política solo es para los políticos, tú también lo eres por que vives en la polis (ciudad). Finalmente si la participación no es de todos, seguiremos con la inercia de que los mismos se sigan saliendo con la suya. 

Si seguimos pensando que solo actuaremos cuando se transgredan nuestros derechos o aquellos ideales que defendemos y no los de los demás independientemente me afecten o no, no estaremos actuando en clave democrática. Recuerda que la democracia se construye a partir de los intereses de quienes conformamos la sociedad y no de los que representa el Estado. Por desilusiones y desencantos no es posible que bajemos los brazos, hoy más que en otros momentos urge que comencemos a construir la democracia en el día a día, no solo en tiempo de elecciones.