Nuestra tranquilidad individual y colectiva se verá más amenazada en estos días por las fake news que por el coronavirus

La historia de la humanidad ha sido marcada en múltiples ocasiones por la lucha de nuestra especie contra una particular colección de seres que, aun cuando son invisibles a simple vista, han demostrado sobradamente su capacidad para derrotarnos: los virus.

Desde el advenimiento de la microbiología, que permitió el desarrollo de las vacunas y, como consecuencia de ello, la drástica disminución de muertes humanas provocadas por enfermedades transmisibles, quizá nos hemos hecho mucho a la idea de que ya ganamos la guerra.

De cuando en cuando, sin embargo, la naturaleza se encarga de recordarnos dolorosamente que sigue contando con un sofisticado arsenal para demoler las murallas que hemos levantado para protegernos de los enemigos invisibles.

El más reciente recordatorio nos ha llegado, con el inicio del año 2020, en la forma de un “nuevo virus”, causante de una enfermedad de críptico nombre: “El síndrome respiratorio de Oriente Medio” o MERS. El responsable de la última alarma epidemiológica global también posee un nombre peculiar: “coronavirus” o MERS-CoV.

Se dice de éste que es un virus “nuevo” porque fue detectado por primera vez apenas en 2012, en Arabia Saudita. Eso no quiere decir que no existiera antes, sino que tal vez no le habíamos prestado atención porque no se le había vinculado a ninguna enfermedad humana.

Y es que el coronavirus causante del MERS pertenece a la colección de patógenos que han desarrollado la capacidad de pasar de los animales -los dromedarios en este caso- a los seres humanos y provocarles una enfermedad respiratoria que es letal en el 35 por ciento de los casos.

La alarma con este tipo de virus se convierte en pánico global porque en el mundo conectado de nuestros días los virus viajan en avión. Ayer mismo se informó de la detección del primer caso de una persona portadora del MERS-CoV en México: un investigador de origen asiático que trabaja en el Instituto Politécnico Nacional y viajó a China recientemente.

Estar alarmados es normal, desde luego, porque estamos ante una enfermedad nueva con un altísimo índice de letalidad. Pero probablemente el mayor riesgo que enfrentamos en este momento es la muy desarrollada vocación colectiva por consumir información que no ha sido procesada con acuerdo a las reglas de periodismo e induce por ello a conclusiones y decisiones equivocadas.

Ha hecho bien por ello el Gobierno de la República en nombrar a un vocero único responsable de proporcionar los datos más recientes respecto de la evolución del fenómeno. Eso no evitará, por desgracia, que las redes sociales diseminen información no periodística, rumores, teorías disparatadas y todo tipo de conjeturas. Vale la pena vacunarse contra ello.

El MERS-CoV es, sin duda, una amenaza real para la salud pública, pero está siendo atendida por el sistema planetario de salud que con tino ha construido el mundo democrático. La posibilidad de enfermarnos naturalmente nos alarma, pero probablemente nuestra tranquilidad individual y colectiva se verá más amenazada en estos días por las fake news que por el “coronavirus”.